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Fin de semana con el cielo despejado, sin rastro de la Bruma negra que envolvió la villa de Plentzia el fin de semana pasado con los IV encuentros sobre género negro Bruma negra, lo bueno suele ser efímero; aunque no es menos cierto que ya queda menoIMG_20160625_141240s para que la bruma regrese trayendo consigo una nueva edición. La que acaba de terminar cumplió con creces, ofreciendo todo lo que a priori prometía, y algo (bastante) más.

El viernes 24 se inició con una primera mesa redonda Escritores vascos de novela negra con Javier Abasolo (el homenajeado de la anterior edición), Aritza Begara, Toti Martínez de Lezea y Javier Sagastiberri, moderados por Noemí pastor.

A continuación una mesa de debate con el sugerente título El discreto encanto del “Serial Killer” en la que participaron Nieves Abarca (que repetía de nuevo en estos encuentros), Antonio Altarriba y María Eugenia Salaverri, moderados esta vez por Jesús Lens.

El sábado amanecía bien: por un lado, pese a los prBruma0onósticos más pesimistas la meteorología se comportó, no siendo necesario portar chubasquero ni el uso del paraguas en ningún momento, y por otro los encuentros se iniciaron con la segunda mesa redonda (Crímenes de época) con algún cambio de última hora, las circunstancias mandan, y la presencia en la misma, pese a no estar iniciaIMG_20160625_125527lmente en el programa, de José Manuel López Marañón, autor de Alcohol de 99º, y Gonzalo Garrido (La capital del mundo) acompañando a Adrián Martín Ceregido (La venganza esquiva) y moderados por Juan Mari Barasorda.

En la segunda mesa de debate Sergio Vera, Ricardo Bosque y Noemí Pastor platicaron largo y tendido sobre revistas, blogs, clubes de lectura… vertiendo un montón de opiniones, curiosidades y datos contrastados; moderados por Jesús lens, que entre otras muchas cosas es el director del festival Granada noir, demostrando que en lo negro criminal al menbruma1os, el norte y el sur no están tan lejos.

Para abrir la tarde uno de los actos más esperados, Interrogatorio en tercer grado de Jokin Ibáñez a Julián Ibáñez (no es un juego de palabras), del que pBruma4oco se puede decir, salvo que lo siento por los que se lo perdieron, y a continuación la tercera mesa redonda: Realismo en la novela negra, con Jon Arretxe, Paco Gómez Escribano, Susana López y el propio Julián Ibáñez, moderados esta vez por Ricardo Bosque.

Como colofón, la entrega del merecido premio a Julián Ibáñez, homenajeado este año, y el fallo de los certámenes de relato corto tanto en Castellano como en euskera, ambos de enhorabuena: el de euskera porquBruma3e este es el primer año en que se celebra, y el de castellano porque superó en participación a su predecesor (241 trabajos presentados, lo que supone un 60% más que en la edición anterior) y que dejó cinco finalistas de los que salió un ganador en una votación final tan emocionante como apretada.

 

concurso-relatos-bn16Fallo Castellano     Relatos Bruma negra 2016

Fallo Euskera

 

 

Bruma2En fin, que hubo de todo un poco, como en botica: un montón de invitados, numerosos aficionados al género, charlas, libros firmados por los autores y libros sin firmar, sorteos, humor (del negro y del blanco), regalos, sorpresas… y la promesa de un próximo regreso con ilusiones renovadas y las pilas cargadas.

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Vías muertas

Publicado: 15 junio, 2016 en Reseñas
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vias+muertasVÍAS MUERTAS  (Susana López)
                                                                               Por Fercar

 

Sinopsis contraportada
Tras sufrir un intento de atentado terrorista en Bilbao, el inspector Pérez Jiménez, hijo de un dirigente local de la izquierda leonesa en la época de la dictadura, pide el traslado a una ciudad más tranquila: Segovia. Con la esperanza de poder iniciar una nueva vida, llega sólo a su nuevo destino, después de que su mujer le haya abandonado por un agente de seguros. Nada más instalarse en la ciudad castellana, el policía, que se siente abatido por su soledad, deberá resolver un caso de doble asesinato: el de dos mujeres que son tiroteadas al bajar del tren en la estación de un pueblo llamado Ribajo.
Acompañado de los agentes García y Fuentes y de una sobrina del comisario Gámez, a quien el inspector no soporta, Argimiro Pérez Jiménez deberá realizar la investigación en un ambiente caciquil y paternalista que no le gusta y buscar los puntos de conexión entre dos víctimas que ni siquiera se conocen. Unos jóvenes de la ultraderecha, el párroco del pueblo y una monja se convierten en sospechosos.

 

Una de las características de la novela negra nórdica, tan de moda por estos lares en los últimos años, es que en muchas ocasiones las tramas se han alejado de las grandes urbes: con sus barrios peligrosos por los que pululan gente armada y sin escrúpulos; sus prostíbulos, llenos de fulanas ligeras de ropa y fulanos de moral ligera; sus matones, sus traficantes, etc… para adentrarse en pueblecitos de aspecto inocente e idílico donde parece imposible que pueda suceder nada malo. Escenarios en los que tal vez no desentonarían demasiado los personajes de Agatha Christie, pero en los que resulta difícil imaginar que pudiesen campar a su anchas personajes como Sam Spade, Philipe Marlowe, Toby Peters, El agente de la Continental o incluso Nestor Bruma, y en los que tampoco resultaría fácil encajar cualquiera de los personajes o tramas de autores tales como Leonard, Connolly, Ellroy, Vargas o incluso Markaris.

Aunque el noir patrio ha demostrado tradicionalmente su predilección por Madrid y Barcelona como anfitrionas de sus andanzas y ambas continúan siendo las ciudades de referencia, poco a poco han ido ganando protagonismo otros emplazamientos tales como el Bilbao de Touré, el Alicante del inspector Ramos, el Vigo de Leo Caldas, las Palmas de Gran Canaria de Eladio Monroy o la Pamplona de Lola MacHor y del Comisario Uriza, por poner solo algunos ejemplos; todas ellas ciudades más pequeñas, pero ciudades al fin y al cabo, con todo lo que eso implica.

Sin embargo, no sé si por la influencia de la anteriormente mencionada novela negra nórdica; por el auge que la novela de este género, venga de dónde venga, está teniendo en nuestro país (lo que conlleva que cada año sea mayor el número de títulos publicados y que a su vez fomenta la irrupción continua de nuevos autores), o por cualquier otra causa, pero lo cierto es que esos lugares aparentemente tranquilos e idílicos también han hecho su aparición dentro de nuestras fronteras. Tal es el caso de la famosa y aclamada Trilogía del Baztán, de Dolores Redondo, cuya primera entrega: El guardián invisible, vio la luz en 2013, o de la novela que ahora nos ocupa, publicada ese mismo año aunque con un impacto, probablemente no por una cuestión de calidad literaria, muchísimo menor.

Vías muertas se mueve pues por esos escenarios, concretamente un pueblecito imaginario de la provincia de Segovia, donde tiene lugar la mayor parte de la historia, con algún que otro breve salto al norte, y lo cierto es que si exceptuamos lo relativo al entorno en el que nos movemos, el resto se adapta con bastante facilidad a los parámetros habituales de una novela negro criminal, en este caso, aderezado generosamente con elementos propios del relato de costumbres.

La premisa inicial nada tiene de novedoso: un inspector resabiado que debe enfrentarse a un doble asesinato nada más llegar a su nuevo destino, al que se había trasladado, precisamente, en busca de tranquilidad y sosiego. Ni tampoco los personajes que acompañan al inspector en este viaje: un agente joven, bastante más idealista, y que ejerce el habitual contrapunto al protagonista. Un comisario sometido a los dictámenes del poder, y una becaria, familia del comisario y que le es impuesta al inspector, dueña de un carácter un tanto peculiar. Finalmente, un periodista metomentodo para ponerle la guinda al pastel.

Sin embargo los personajes resultan creíbles, los diálogos verosímiles y los escenarios, pese a que el pueblo no exista en la realidad, claramente reconocibles, como si estuviésemos paseando por la Castilla de Delibes, y nada de lo anteriormente mencionado resulta tarea sencilla, y menos cuando se trata de una ópera prima.

Susana López nos lleva de la mano marcando perfectamente el ritmo de la historia con un lenguaje sencillo y eficaz. Un ritmo pausado pero sin interrupciones, sin prisa pero sin pausa; introduciendo de vez en cuando algún elemento que juegue al despiste, pero sin giros bruscos ni ningún truco de prestidigitación con el que intentar dejar al lector boquiabierto. El desarrollo de la trama es principalmente lineal, permitiéndose algunos saltos al pasado para que poco a poco, y casi sin darnos cuenta, nos vayamos sumergiendo en las vidas y circunstancias de todos y cada uno de los personajes que deambulan por la novela.

No va a haber persecuciones frenéticas, ni tiroteos, ni explosiones. Uno no va a tener la sensación de estar atravesando un campo lleno de minas, ni de encontrarse enganchado a una trama de la que ya no va a poder escapar. Al contrario, en muchas ocasiones da la sensación de que te puedes desligar del libro con un leve tirón, dejándolo abandonado en cualquier rincón a su suerte; lo que sucede es que no te da la gana.

En cuanto hemos dejado atrás las primeras páginas nos encontramos a gusto recorriendo Ribajo y sus alrededores, con la certeza de que el lugar es menos bucólico de lo que podría parecer a primera vista, sumergiéndonos más en la biografía de los personajes y acompañando a Argimiro y compañía en su camino por intentar resolver el doble asesinato de Dahne y Olvido.

Valoración:       7


 

Susana López (Erandio, Vizcaya, 1963). Doctora en Ciencias de la Información por la Universidad del País Vasco ha ejercido como profesora en varias universidades españolas, por lo que gran parte de sus publicaciones son trabajos de investigación referidos al mundo de la comunicación. Hasta ahora, su faceta en el ámbito de la literatura de ficción se ha desarrollado, sobre todo, en el género del relato breve, siendo galardonada con el Premio Iparragirre por su cuento Ausencia de madre y en el Certamen del Foro de la Memoria Histórica de Córdoba por La infancia usurpada, ambos publicados.

Con Vías muertas se adentra por primera vez en el género de la novela.