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Por muy profunda que sea tu cartera hay algo que nunca podrás comprar, el estilo. En la literatura ocurre lo mismo. Eso que los cursis llaman “la voz propia” y que no se trata de otra cosa que de abrir un libro, leer un par de párrafos y saber inmediatamente el nombre del autor.

 

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Hablaron de la obra del autor, de cuentos, novelas y poesía. Hablaron del momento del género negro, de la actualidad social y de la vida, en general.

 

zanon1Carlos Zanón dará nueva vida al mítico Pepe Carvalho

Se lo decía su inseparable ayudante Biscuter en el primer volumen de Milenio (2004): “Yo hago el viaje para crecer, jefe, y usted para despedirse”. Era la última aventura del detective Pepe Carvalho, y fue una despedida a lo grande, pues el personaje dio la vuelta al mundo: Italia, Grecia, Egipto, Israel, Líbano, Turquía, Azerbaiján, Turkmenia, Uzbekistán, Afganistán, India…
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Te quiero porque me das de comer

TE QUIERO PORQUE ME DAS DE COMER (David Llorente)
Por Fercar

 

La novela negra puede y debe romper algunos moldes: «Necesita dar un salto al vacío, y una extraña pirueta en el aire. El requisito es no tener ni vértigo ni miedo», dice David Llorente.

No podemos estar más de acuerdo. La literatura noir necesita también de autores con propuestas atrevidas, arriesgadas y que miren el género negrocriminal desde nuevos puntos de vista.

¿Qué pasaría si la historia que se cuenta no es una sucesión de hechos consecutivos, sino simultáneos? La simultaneidad no parece patrimonio de la literatura, sino, más bien, de la pintura o del cine, pero si las palabras consiguen contravenir su propia naturaleza y transmitir esa sensación —la de que todo lo que sucede, sucede a la vez–, entonces surge un texto envolvente, casi tridimensional.

Proponemos una lectura donde la brutalidad del asesino en serie se ve rodeada de una multitud de historias criminales que, al mismo tiempo que nacen, el narrador las hace desaparecer. No importa quién sea el criminal ni qué tipo de detective lleve a cabo la investigación. Lo que importa es que el asesino existe.

Max Luminaria era un chico muy callado. Sacó la mejor nota de selectividad de toda España y decidió estudiar Medicina. Una vez más, fue el mejor en los exámenes; el mejor en las prácticas y el mejor en el quirófano. Se lo rifaban todos los hospitales. No hubo cirujano más preciso ni vecino al que más quisieran los habitantes de Carabanchel. Lo saludaban por la calle. Le daban las gracias. Todos tenían a un familiar al que el doctor Maximiliano Luminaria había salvado la vida.

Su vida, fuera del quirófano, era diferente, ¿o a lo mejor no? La realidad es que no podrás, nunca más, sentirte aliviado porque se haya descubierto al asesino, porque, querido lector, los asesinos caminan entre nosotros.

 

No soy de los que se tiran de cabeza a las últimas novedades que inundan los escaparates de las librerías o de los que se decantan preferentemente por aquellos libros con la etiqueta de bestseller, aunque tampoco reniego de ellos si considero que pueden ser interesantes, solo por el mero de hecho de ser superventas o por ser ya el libro de cabecera de un montón de gente. La mayoría de las veces prefiero indagar, bucear un poco a ver qué hay por ahí. Ir probando nuevos sabores, catando nuevos autores…

En el caso del libro que ahora nos ocupa había oído (y leído) tantos comentarios y tan apasionados que me pareció una campaña de marketing en toda regla: Que es el libro más extraño que jamás se ha escrito. Que seguro que nunca había leído, y que tampoco volvería a hacerlo, nada igual. Que es una novela trasgresora de principio a fin. Que estamos ante una joya única e inimitable; ante un libro agitador, rebelde, insumiso, libre. Que se trata de la novela que todos los amantes del género negro deben leer sí o sí. Que después de este libro no sabría qué demonios leer. Que llegar al final es como un orgasmo, un torrente de adrenalina liberado, y que uno se queda, invariablemente, con la sensación de haber leído algo único e irrepetible…

Fue un empacho, una comilona con dos platos principales fuertes seguidos de doble ración de poste. Demasiado para mí, así que decidí mirar para otro lado y pasar de largo. Sin embargo, un par de excelentes reseñas en alguno de esos sitios con cuyos gustos suelo ir de la mano, y el hecho de que viniese avalada por el Memorial Silverio Cañada  y de que además, estuviese editada por la editorial Alrevés, me hizo cambiar de opinión.

Vayamos al grano.

Es cierto que formalmente es un libro extraño, y lo es por varias razones: Porque el final de cada párrafo no está marcado por el consabido punto y aparte (tampoco parecen ser sus páginas territorio del punto y seguido con un uso muy convencional); porque todas las tramas se entremezclan, como ingredientes vertidos al tun tun en una batidora por un aprendiz de cocina chapucero. Porque las normas de la RAE brillan por su ausencia; porque hay un abuso excesivo, casi (y tal vez sin casi) enfermizo, de los paréntesis y de los dos puntos.

«… y se metieron en el coche (debajo de un árbol): se besaron: se medio desnudaron (solo la ropa imprescindible): se tocaron: se chuparon: no llegaron a la penetración porque Max Luminaria no consiguió alcanzar una erección: a partir de ahí (la chica no supo tener la boca callada) empezó la fama de impotente de Max Luminaria. Todo asesino en serie tiene (tiene que tener) una firma: el asesino en serie necesita matar, pero también necesita que se lo conozca por lo que hace: y lo que hace (matar: su forma de matar: de huir: de desconcertar) es arte: quieren ser los Donatello de la violación: los Le Corbusier del destripamiento: los Shakespeare de la estrangulación: los Bach del canibalismo: la firma da valor y autenticidad a sus obras. Leire Hernández Gallego (directora del I. B. Sebastián Oller) le dijo a Juanito, el bedel: en la cuarta planta no hay papel de váter, ¿me puede usted explicar por qué en la cuarta planta no hay papel de váter?, ¿no le parece a usted necesario?, ¿cómo se limpia usted en su casa?, ¿se restriega el culo contra la pared?, ¿eh?, conteste, ¿se restriega usted el culo contra la pared?: no, señora, en mi casa nos limpiamos como todo el mundo. Marcelo Saravia intentó contactar con Greta Santamaría: quería decirle (aunque fuera mentira) que estaba dispuesto a dejar a su mujer: pero Greta Santamaría no respondía al teléfono ni hacía caso de sus mensajes: Marcelo Saravia se la imaginó con ese maldito novio (o lo que fuera) que se había echado (sin duda para olvidarse de él): se la imaginó haciendo el amor: se imaginó a ese hijo de puta cogiéndole las tetas…».

Porque las tramas se fusionan con recetas de cocina, con aclaraciones, con noticias, con entrevistas, con consejos para amas de casa frustradas, con anuncios, con un vademécum psiquiátrico, con comentarios de las más diversa índole…

«… la inflación, a pesar de la recesión, no cede. Felipe González dice haberse enterado del caso Filesa a través de los medios de comunicación. Hay una lámpara encendida en un rincón del salón: del resto de la oscuridad ya se encargan las velas: Marcelo Saravia se sirve una copa de vino (le sirve otra a su mujer): pregunta: ¿celebramos algo, hoy?».

… Todo esto provoca que al principio parezca que va a ser una tarea titánica adaptarse, y que va a ser necesaria una mayor atención y concentración para no perderse, dando la sensación de que el texto nos va a exigir una participación activa como lectores, una implicación, un compromiso, un quid pro quo

Tampoco ayuda que la novela aparezca contada por una tercera persona omnisciente, que lo relata todo de una manera impersonal, metálica, fría. Mezcladas aparecen dos voces: una que narra, y otra que pide cuentas, haciendo preguntas y solicitando aclaraciones.

«La Facultad de Medicina se cerró cuando descubrieron el cadáver del alumno Octavio Real de la Huerta y Rubio-Montoro. ¿Quién lo descubrió? Una de las señoras de la limpieza: empezó a correr y a chillar por toda la sexta planta del edificio: después le dio un ataque agudo de ansiedad y tuvieron que llevarla al hospital más cercano».

Además, para rizar el rizo, lo que se cuenta no es solo una historia, ni dos, ni tres, ni cuatro, ni cinco… Max Luminaria, el personaje central, esta secundado por cientos de personajes cuyas tramas se entremezclan, y nunca sabes cuáles de esos personajes van a resultar al final relevantes, y cuáles no van a llegar, ni de lejos (muchas no pasarán de ser sórdidas microhistorias), a disfrutar de los preceptivos 15 minutos de gloria.

Ante esta perspectiva es posible que muchos ni siquiera lleguen a abrir el libro, y que no pocos lectores decidan abandonar su lectura a las pocas páginas, dejándolo de nuevo en la estantería; o mejor aún, encerrado bajo llave en lo más recóndito de un cajón, y decidan inmediatamente después dedicar su tiempo a trabajos más normales.

Si se me permite un consejo, en realidad creo que no es para tanto, basta con dejarse llevar: el cerebro humano es capaz de rellenar (exceptuando que uno se dedique profesionalmente a la política) los huecos, de encajar las tramas, de poner en orden las ideas…

Además, como nota positiva decir que aquellas personas que sientan un débil arañazo en el estómago cuando se dan de bruces con un LE en lugar de un LA o un LES donde debiera aparecer un LOS (sin duda no es esta una buena época para los correctores profesionales); y una leve patada en la espinilla cuando se encuentran algún gazapo: la omisión de una preposición o de un artículo, un mal uso de las comillas o de los guiones, o cualquier otra errata consecuencia de las prisas y de la necesidad actual de abaratar costos, están de enhorabuena. Aquí, si los hay, carecen totalmente de relevancia y pasan más desapercibidos que Wally en San Mamés.

Para los que no se sientan intimidados por estos primeros obstáculos y decidan continuar adelante, es necesario advertir que los cientos de historias que se nos cuentan narradas de golpe, como un torrente ingente de información, no son ni mucho menos historias actas para todos los estómagos: son historias de violencia extrema, de sexo explícito…, historias duras, salvajes, cruentas. Historias sin paños calientes, que perfilan ante nuestros ojos cientos de personajes… y todos al límite,  historias que beben de la literatura Pulp, que acarician el gore, y que nada tienen que ver con otro tipo de historias, muy populares en la novela negra actual, que inundan las estanterías y lideran las listas de ventas.

«Lo cogió y se lo llevó a casa: le corto las cuatro patas con unas tijeras: después le abrió la tripa y le fue sacando las vísceras».

«En la Facultad de Medicina… Oiga, oiga, un momento. ¿Qué pasa? ¿Es que no me va a decir qué pasó con la colombiana Mauricia? Ah, ¿quiere usted saberlo ahora? Pues sí… Greta Santamaría saltó encima de ella y la tiró sobre el suelo del salón: la arañó y la mordió como una fiera (en sus uñas se quedaron restos de piel y de vez en cuando volvía la cara y escupía trozos de carne colombiana): luego agarró el trofeo de mus (con el pie de mármol) y le estuvo golpeando la cabeza hasta que la cara entera se le ocultó detrás de una cortina de sangre».

« Entonces abrió la bolsa de deporte, sacó el fusil y disparó contra el profesor: le alcanzó en un costado: después le estuvo disparando en el vientre hasta que se quedó sin munición: los niños gritaban: el suelo estaba inundado de sangre».

«… se fue a la pared donde estaba la diana, cogió un dardo y corrió a clavárselo en la espalda al hombre de la tragaperras: se lo clavó (enloquecido y babeante) más de cincuenta veces (en la espalda, en el cuello, en la cara, en un ojo…)».

Por todo lo dicho (escrito) hasta ahora, y por alguna cosa más que muy a mi pesar seguramente se me quede en el tintero, para muchos esta novela siempre será una novela diferente, distinta, una apuesta valiente y arriesgada. Para no pocos, en cambio, no dejará de ser una empanada mental (para gustos están los colores), e incluso para algunos, tal vez solo sea un ejercicio de soberbia, una novela producto de la arrogancia de su autor.

En  lo que a un servidor respecta, Te quiero porque me das de comer es una buena novela, una muy buena novela, pero no por la peculiar forma en que está escrita, sino tal vez, a pesar de ello.

Es una buena novela porque tiene ritmo, a veces endiablado (en la segunda parte disminuyen las interrupciones y la velocidad aumenta). Porque presenta un buen número de interesantes personajes secundando al protagonista absoluto (Greta Santamaría, Marcelo Sarabia, el Inspector Balcells…) y porque el personaje principal, Max Luminaria, es un personaje potente, de esos que dejan huella, que se niegan a abandonarnos perdurando en la memoria por mucho tiempo. Y porque David Llorente tiene (aunque probablemente eso solo lo sepa él) pese al caos aparente, todo perfectamente controlado y estructurado, para que la novela fluya con la precisión de un reloj suizo, cerrando todas y cada una de las puertas que se abren y terminando por dibujar, como quien no quiere la cosa, un círculo completo, un puzle donde todas las piezas encajan.

Porque a pesar de ser una novela dura, cruda, no faltan esos ingredientes tan necesarios en la novela negra: los personajes humanos, la tensión, los golpes de humor (aunque sea negro), los sentimientos a flor de piel, la crítica social…

Y por su final sorprendente, rotundo, que deja temblando y que hace que a David se le perdone que haya sido necesario tragarse algunas recetas, comentarios y noticias que no venían a cuento, antes de  poder llegar (casi inmediatamente precedido de los enésimos dos puntos) al punto final, que da por concluida la novela.

En definitiva no sé si será, como he leído por ahí, una novela necesaria; pero creo que si es una novela que se sale de lo común, que se disfruta y que, por lo tanto, merece la pena ser tenida en cuenta.


David Llorente nace en Madrid en 1973.

En esta ciudad publica las novelas Kira, premio Francisco Umbral de novela corta 1998, y El bufón, premio de narrativa Ramón J. Sender 2000.

En el año 2002 se traslada a vivir a Praga (República Checa), donde escribe las novelas Ofrezco morir en Praga y De la mano del hermano muerto, esta última también traducida al checo.

En esta ciudad crea el grupo de teatro Séptimo miau, cuyas obras escribe y dirige él mismo.

Ha representado por casi todos los países de Europa Central y del Este y ha obtenido diversos premios en varios festivales de teatro internacionales.

Te quiero porque me das de comer, su quinta novela, fue seleccionada por el diario ABC como una de las mejores novelas del año 2014 y obtuvo el premio Memorial Silverio Cañada a la mejor primera novela de género negro en la Semana Negra de Gijón de 2015.

Su última novela, Madrid: frontera ha obtenido el premio Valencia negra 2016 a la mejor novela del año 2016.

Algunas de sus obras han salido publicadas en el libro Los árboles dormidos.

Mike Hammer

Publicado: 3 noviembre, 2016 en Literatura
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hammerECC Ediciones trae las obras de Mike Hammer

 

ECC Ediciones en la línea Álter Ego ha editado la colección completa de Mike Hammer de Michey Spillane, con nuevas y muy cuidadas traducciones. Ya se han editado los dos primeros libro de la colección, y contará con un total de 8 entregas, aunque por temas de derechos cronológicamente los dos primeros llegarán al finalizar la colección. Estos ocho volúmenes recogen las 13 novelas del duro detective, que actualmente son prácticamente imposibles de encontrar en el mercado español.

 

 

 

Los volúmenes que saldrán de forma trimestral:
  • Libro 3: Una noche solitaria / La gran matanza (Junio de 2016)
  • Libro 4: Bésame, moribunda / Cacería de mujer (Octubre de 2016)
  • Libro 5: La serpiente / Un caso perverso
  • Libro 6: Los amantes de cuerpos / Supervivencia… ¡cero!
  • Libro 7: El asesino
  • Libro 8: Callejón negro
  • Libro 1: Yo, el jurado
  • Libro 2: Mi pistola es veloz / Mía es la venganza
Reseñas

«Cualquiera que no reconozca la importancia de Mickey Spillane es un idiota.»

Max Allan Collins

«Mickey Spillane es el último escritor verdadero de ficción pulp.»

Chistopher Mills

«Spillane creó la contrapartida oscura del caballeresco Marlowe. Cualquier cosa que se pueda pensar sobre Mike Hammer solo puede ir acompañada del adjetivo ‘extremado’, ya sea en las propias características del personaje, ya en la reacción que provoca en el lector. (…) Hay que reconocer que resulta difícil no pasar a la página siguiente una y otra vez, desde el momento en que se comienza el libro.»

Bibliópolis.org

«Hammer es el paradigma del Hard Boiled, del protagonista duro que no confía en nadie y menos todavía en el sistema legal.»

Lecturalia.com

«A Hammer no le va ni el romanticismo caballeresco de Philip Marlowe ni la actitud amoral, fría y desapasionada de Sam Spade. No, el combustible que alimenta la furia sangrienta de Hammer es la venganza, y a raudales.»

Thrillingdetective.com

 

Frank Morrison Spillane, más conocido como Mickey Spillane (1918-2006), comenzó su carrera de escritor como guionista de cómics, y por su pluma pasaron algunos de los más famosos personajes del medio: Superman, Batman, el Capitán Marvel o el Capitán América. En 1945, escribió su primera novela, que completó en tan solo 19 días y de la que vendió seis millones y medio de copias solo en Estados Unidos. En ella presentó su más famosa creación, el detective privado Mike Hammer, que entraría en la historia del género negro por la puerta grande y del que escribió un total de 13 novelas.

Hambre a borbotones (Álber Vázquez)

Publicado: 22 septiembre, 2016 en Reseñas
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Hambre a borbotones

HAMBRE A BORBOTONES (Álber Vázquez)
Por Guille

Cuando accedí a participar en este blog, una de las primeras decisiones que quise adoptar fue que los libros reseñados me gustaran y que, mayoritariamente, no fueran novelas superventas ni de autores masivamente conocidos ni vendidos (y por ende explotados). Es decir, autores y novelas que estuvieran lejos de los circuitos comerciales y que tuvieran ese halo de autenticidad y pureza literarias que, a mi parecer, manifiestan una actitud ante el mundo y ante el arte y que siempre suponen una declaración de intenciones. «El arte jamás ha de intentar ser popular. Es el público el que ha de intentar ser artista», dijo Oscar Wilde. Pues a eso vamos.

Hambre a borbotones es una novela mayúscula. Extraña, irredenta, tensa y, yo diría que en algunos casos, hasta suicida. Suicida porque contiene mimbres, elementos y pautas infrecuentes en el panorama literario español. Tal vez sea habitual en Norteamérica hallar novelas protagonizadas por una saga familiar de caníbales pero, hasta donde yo sé, nunca había oído hablar en este país de algo semejante. Por descontado, eso casi siempre supone un reto y una presión añadidos puesto que resulta fácil caer en maniqueísmos y en estereotipos vistos en series y películas de este tipo. Si se habla de canibalismo enseguida acude a la mente el personaje de Hannibal Lecter, alguien que se deleita en su sed de carne humana mientras las víctimas caen a su paso en medio de una espiral de violencia sangrienta. Es obvio que se trata de un personaje llevado al límite y que fascina pero del que en todo momento esperamos una mayor progresión: puede devorar la cara de un hombre en su presentación pero siempre demandaremos que en su cénit criminal su víctima sufra el mayor sufrimiento posible. Nuestra pulsión (sana, por supuesto) por el morbo nos impele a ello y así debe de ser.

En el caso de Hambre a borbotones, la pulsión y el deseo de morbo, de sangre y de buena literatura quedan saciados con creces. «Elige a una chica. Elige a una chica guapa. Elige a una chica encantadora y sugestiva. Adinerada, culta, sensual e independiente. Elige todo eso y disponte a matarla. Elige a la chica equivocada y serás devorado». Parece evidente al menos que después de leer este pequeño avance en la contraportada lo primero que a uno se le despierta es cierta curiosidad. Una vez abierta la primera página de la novela la curiosidad se transforma en buena literatura y en todo lo que se ha prometido anteriormente: «”Hambre a borbotones” es una novela fascinante. Hay terror, hay una trama policial, hay comedia, hay luminosidad, hay amor, hay sexo, hay odio, lujuria y deseos de venganza. Hay, en definitiva, todo eso que nos gusta y que hace que el mundo gire y funcione. Pero en una Thermomix a máxima potencia». Y así es. Para ello contamos con un conjunto de personajes, como he dicho llevados al límite, y por tanto llenos de vitalidad, potencia y carisma. La saga familiar de los Bonet formada por Alicia, en cierto modo la protagonista de la novela, que junto con su hermano Ismael, un metepatas de carácter pusilánime, llevan una galería de arte en la ciudad de Centenario (topónimo inventado según comenta su autor en homenaje al himno de Rentería, de donde es oriundo). Junto a ellos Clara Bachiller, quizá el personaje más radical de la novela, una especie de muchachita andrógina tan activa sexualmente como extrema en sus actitudes que jocosamente podría verse como un trasunto entre Lisbeth Salander y madame Bovary. Al frente del clan Elías Bonet, el patriarca en la sombra cuyo protagonismo en la parte final de la novela será decisivo por cuanto intervendrá en el secuestro de Ismael por parte de la camarera Laura Arribas y el macarra Diego Mallo. Por último, el asesino elitista Víctor Soldado quien, además de mantener una relación con Alicia, es acosado por el infatigable inspector de la policía, Mario Monge, quizá el personaje más clásico, pero no por eso menos potente. Tampoco hay que olvidar a Enrique Castresana, el pintor apadrinado por Alicia y que será seducido por Clara en una relación tan lujuriosa como «carnal». Como ven, un conjunto de personajes infrecuentes y que en sus interrelaciones sacan a la luz todo su poder y su maldad.

En cuanto al estilo narrativo y al ritmo, Vázquez hace gala de un lenguaje y una técnica, si no propios, sí muy visuales, a veces algo poéticos, en ocasiones reflexivos, a veces muy cinematográficos (no puede resistirme a comparar ciertas escenas y personajes con algunos de la serie norteamericana Penny Dreadful), donde la frases cortas y el uso de la introspección de los personajes a través del monólogo interior no cansan y ayudan a conocer la personalidad de los mismos. Para muestra un par de pinceladas soberbias:

«Los depredadores cazan a cielo abierto. Atisban la pieza, siguen su rastro, la observan en la distancia, avanzan, fingen, engañan, y por fin, sorprenden. Es el ataque final. La suspensión de todo juicio o criterio. En los próximos minutos, lo que sucede, lo hace ajustándose a un orden nuevo y excelso. La muerte reina cuando se vuelve gesto corpóreo. Explícale a Soldado qué es al arte. Qué es la pulsión de la pincelada exacta. La exquisitez de un movimiento efectuado en el momento que se concibe como único».

O reflexiones, quizá más personales, de este tipo: «El mundo, si lo miras de refilón, es un lugar agradable en el que el café siempre está caliente y la cordialidad impera. Sin embargo, no cometas el error de observarlo de frente. De fijar tu vista en él y aguantarle la mirada. Te horrorizará lo que contemplas. La delgadísima capa que nosotros advertimos oculta otra mucho más gruesa y poderosa. La capa real de la existencia. Está formada por los instintos más salvajes, por la crueldad, por el infierno, por la obscenidad, por el mal. Por el auténtico y genuino mal… Deberías tenerlo siempre presente. Y estar preparado».

Hambre a borbotones es una novela magnífica. Por dentro y por fuera. Tanto la portada como la encuadernación de cartoné son exquisitas, con ese atisbo de artesanía que solo tienen las cosas hechas con cariño y dedicación. ¿Más de 400 páginas a 22.50€ resultan caras como he leído por ahí? ¿Resulta más caro un BMW que conduces todos los días y con el que disfrutas que el coche más económico del mercado permanentemente encerrado en un garaje? Mi opinión es que no. Hambre a borbotones es una novela rentable (y deleitable) porque perdura, porque emociona y porque entretiene desde el principio hasta el final. Como se menciona en la contraportada, «un libro que bebe directamente de los pulps norteamericanos de principios del siglo XX, los mezcla con una buena dosis de telenovela venezolana y los salpica de abundantes lingotazos de Wes Craven, Patricia Highsmith, Andy Warhol y Sylvia Kristel». Ah, y novela finalista del Memorial Silverio Cañada a la mejor primera novela negra en español 2016 (Semana Negra de Gijón). En definitiva, un gustazo del cual habrá continuación en otras dos novelas más.

Valoración:  estrellas 9

Álber Vázquez (Rentería, 1969) ha publicado una veintena de títulos. Como si no hubiera un mañana. Es uno de los autores de novela bélica ambientada siglo XVIII más reputados del momento. Su obra Mediohombre, de la que se llevan vendidos más de veinte mil ejemplares, es probablemente la novela más plagiada de la última década. Podría decirse que todo iba como la seda si no fuera porque este subgénero es masiva y fielmente seguido por legiones de varones mayores de cincuenta años. Lo cual, para un tipo que decidió dedicarse a la literatura «sobre todo para ligar», se había convertido en un problema que necesitaba respuestas drásticas. La respuesta drástica es la novela que tienes entre las manos. Un libro distinto a todo lo que se ha publicado hasta hoy. Un libro que te golpeará en el estómago y te hará abrir los ojos como nunca antes lo has hecho.

La última salida (Federico Axat)

Publicado: 23 agosto, 2016 en Reseñas
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 LA ÚLTIMA SALIDA (Federico AxatUltima salida)
Por Guille

De un tiempo a esta parte cada vez resulta más habitual que escritores españoles ambienten sus novelas en escenarios foráneos. A fin de cuentas que el protagonista de una novela se llame Peter en lugar de Pedro o Ted en lugar de Eduardo no deja de ser una especie de juego de heterónimos que no suele conducir a ninguna parte, al menos productiva. Es el caso, por ejemplo, de Mikel Santiago con La última noche de Tremore Beach o de la novela que nos ocupa, La última salida del argentino Federico Axat. Decían Borges y Cortázar que ellos situaban sus novelas y relatos en París porque se sentían parisinos y no tenían ningún motivo plausible para extrapolarlos a su país natal. Parece obvio que en el caso del argentino Axat, tanto sus motivaciones como sus sentimientos se hallan bastante imbuidas de la realidad norteamericana. Al menos en cuanto al planteamiento de la novela. Su sinopsis no deja lugar a dudas de esa atmósfera de thriller que tantas veces hemos leído en las solapas de autores provenientes de EEUU:

Ted es rico y tiene una familia perfecta, una esposa y dos hijas adorables. Nadie podría imaginar el motivo que lo ha llevado a tomar la drástica decisión de quitarse la vida. Cuando oye sonar el timbre una y otra vez, su primera reacción es ignorarlo y apretar el gatillo de una vez por todas. Pero entonces descubre una nota escondida entre sus cosas; una nota con su caligrafía que no recuerda haber escrito: «Abre la puerta. Es tu última salida». Al otro lado de la puerta encuentra a un desconocido llamado Lynch, que no sólo sabe lo que Ted está a punto de hacer, sino que le hace una propuesta difícil de rechazar: un plan para evitar que su familia sufra ante las consecuencias devastadoras de un suicidio. Ted acepta sin imaginar que la nota en el escritorio y la oferta de Lynch son apenas el comienzo de un juego macabro de manipulaciones. Alguien ha sembrado un camino de migas de pan que Ted irá recogiendo. Alguien que lo conoce mejor que nadie, que lo hará dudar de sus propias motivaciones y también de las personas que lo rodean.

Si usáramos el símil con una partida de ajedrez, hay que reconocer a Axat que su apertura es fantástica. Factura impecable, premisa jugosa y las maneras de un Bobby Fisher en ciernes. No he utilizado el símil del ajedrez en vano pues este juego (deporte) tendrá su importancia en la trama principal de la novela. Pero no adelantemos acontecimientos. Como digo, el arranque de La última salida es apabullante e intenso. Nos sitúa ante un protagonista enfermo que está a punto de volarse la tapa de los sesos y que es interrumpido por alguien que le dice que no lo haga y que tiene un plan para salvar a su familia. En principio, resulta difícil que cualquier lector pueda resistirse a tal premisa argumental.

Ahora bien, lo que comienza siendo un arranque prometedor pronto se ve oscurecido por una trama, a mi parecer, algo confusa y embarullada, en la que tras un asesinato, el protagonista, Ted McKay, es ingresado en un hospital psiquiátrico donde se someterá a la supervisión de la doctora Laura Hill, el contrapunto a Ted en esta novela, y cuya influencia en él será clave hasta el final para comprender todo lo acontecido.

Es en ese intervalo de su estancia en el hospital cuando la novela aturde y confunde. Los giros argumentales perpetrados por Axat van en consonancia con los ciclos que sufre Ted, ciclos cuyas visiones, si bien pretenden añadir nuevas pistas e interrogantes, en muchas ocasiones solo proporcionan confusión y algo de hastío. En defensa de Axat diré que plantear una trama desde el punto de vista de la mente del protagonista es un reto arduo y ambicioso, pero tengo la sensación de que Axat utiliza esa virtud para manipular cada puerta cerrada a la que nos conduce las acciones de Ted: visiones, sueños, pesadillas recurrentes en las que es difícil discernir el grado de realidad y, por tanto, de verosimilitud. Es como asistir a un salto mortal cada vez más alocado y brutal para el que en muchas ocasiones no existe debajo ninguna red.

Sin embargo, una vez superada la mitad de la novela, los réditos que acumula Axat superan con creces las expectativas. En mi opinión, La última salida cobra vida cuando la trama se traslada a la época universitaria de Ted y su compañero Lynch (como verán ya no es el desconocido de la sinopsis), época intercalada con la actual en la cual descubrimos las motivaciones de Ted para hacer lo que ha hecho y, sobre todo, para descubrir quién es el responsable de su presunta culpabilidad.

Todo ello conduce a un final muy propio del thriller psicológico norteamericano donde las neurosis y los estigmas dolorosos de la infancia suelen cobrar tanta importancia en los hechos criminales. Un final que Axat maneja con despampanante maestría, demostrando que, si en lugar de ser argentino y llamarse Federico Axat fuese, por ejemplo, de Vermont y se llamara John Grisham, a estas alturas estaríamos hablando del libro del año.

En resumen, La última salida resulta un thriller exquisitamente narrado, de ritmo ágil, personajes profundos, atmósferas opresivas y un clímax de intriga y tensión que solo decae cuando el autor se empeña en alargar la historia con ciertos giros y enigmas intrascendentes (¿será la zarigüeya un trasunto de aquel oso polar de la serie Perdidos?) que no conducen a ninguna parte.

Valoración:  7

Escritor argentino, Federico Axat es ingeniero civil y ha desarrollado una notable carrera dentro del sector de las telecomunicaciones, trabajando durante varios años en Centroamérica. Durante ese periodo preparó la que sería su primera novela, Benjamín, con la que logró su primer éxito editorial.

Desde entonces, la obra literaria de Axat ha ido creciendo en alcance, gracias a títulos como El aula 19 o El pantano de las mariposas. Su novela La última salida logró generar una gran expectación al vender sus derechos de traducción a más de 25 idiomas antes incluso de ponerse a la venta. En 2016 se ha anunciado que la novela será adaptada al cine.

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Reina crimen

REINA DEL CRIMEN (Megan Abbott)
Por Guille

Siendo como soy un seguidor acérrimo del espectro literario que forman Jason Starr, Allan Guthrie y, sobre todo, el irlandés Ken Bruen (si ahora mismo tienen cara de póquer y se están preguntando por qué no conocen ni les suenan dichos autores la mejor solución sería correr a una librería y hacerse con algún título), cuando leí en la faja de Reina del Crimen de Megan Abbott los comentarios que los tres vertían acerca de esta novela no pude resistirme a lanzarme de cabeza a leerla. Si a eso se añadían comentarios tales como: “Debería conseguir que los devotos de Cain y Chandler caigan al suelo y pidan clemencia”, como comprenderán la lectura se volvía perentoria. Además, que una escritora como Abbott hubiese erigido una trama con una pareja de mujeres como protagonistas absolutos era un aliciente más para no oponerse. Lamentablemente ni las escritoras ni las mujeres protagonistas suelen prodigarse en este tipo de género y, con el contundente bagaje literario de Abbott y el hecho de que la novela recibiera en 2008 el premio Edgar a la mejor novela de misterio americana, todo indicaba que la cosa no defraudaría.

Y después de leer Reina del Crimen, puedo afirmar que en su conjunto no defrauda en absoluto. Si partimos de la salvedad de que el hard boiled podría considerarse una especie de subgénero muy arraigado en Norteamérica y bastante alejado de un público masivo, y por ende de cualquier etiqueta de best-seller, la novela sin duda hará las delicias de sus seguidores. No se trata de una novela policíaca comercial ni simplona como la mayoría que actualmente inunda los estantes de las librerías. No está ambientada en la época actual sino en los años 50 ni presenta giros espectaculares ni muertes por doquier a cualquier precio o en cualquier situación. Reina del Crimen se macera y se espesa con lentitud, ingenio y un fantástico estilo literario heredero del pulp y de aquellos magníficos autores de los años 40. En efecto, todo en la narración de Abbott resuena con altivez y audacia: desde el cinismo de Cain o la mordacidad de Chandler a la violencia expositiva del mejor Hammett, la novela bebe claramente del clasicismo primigenio de este subgénero. Lo hace soberbiamente en la ambientación y en las atmósferas: garitos diversos como casas de apuestas, casino e hipódromos donde las partidas de cartas, de dados, o la ruleta tienen la misma importancia que la suerte, el engaño, las buenas rachas y los chanchullos para ganar o perder un montón de pasta. Allí se dan cita perdedores, fulleros y fracasados al albur de jefazos y matones de la mafia que no dudan en aplicar la ley de la sangre en cuanto las cosas se ponen feas. Es en ese escenario de pecado, crimen y sangre donde despunta la figura de Gloria Denton, «una superviviente de la era dorada del crimen organizado, capaz de tratarse de igual a igual con los grandes señores del hampa, como Bugsy Siegel y Lucky Luciano, decide que ha llegado el momento de buscarse una sucesora. Astuta y despiadada, Gloria pondrá el mundo a los pies de su protegida… siempre y cuando esté dispuesta a pagar el precio». La sucesora, de la cual desconocemos la identidad porque es la encargada de llevarnos a lo largo de la narración, entra al servicio de Gloria, por la cual no solo siente admiración sino también una especie de atracción a todos los niveles: física, profesional y emocionalmente. «Nunca supe realmente qué fue lo que vio en mí. Parecías saber un par de cosas, me diría tiempo después. Y estar dispuesta a aprender muchas más». Es en esa primera parte de la novela cuando asistimos al reclutamiento de la sucesora de Gloria Denton, una pícara de poca monta a quien se le van asignando trabajos de mayor importancia y cuantía hasta que… Hasta que aparece en su vida un hombre, Vic Riordan. Ludópata compulsivo, fullero, bebedor, chulo…, un personaje que seducirá (y enredará) a la protagonista hasta imprevisibles consecuencias. Y podría decirse que hasta ahí puedo leer, porque después todo se precipita hacia un final digno del mejor noir clásico.

Es obvio que Megan Abbott no inventa nada nuevo. Es más, yo diría que su acierto principal reside en invertir la fórmula del triángulo formado por dos hombres en manos de una femme fatale creando la figura de un homme fatale, como es Vic Riordan, cuya aparición será clave para cambiar la relación de Gloria Denton y nuestra protagonista.

He leído que Reina del Crimen sería algo así como Eva al desnudo pasada por el tamiz de Jim Thompson. Sin duda es así. Una novela excepcionalmente escrita y recreada, destilada con elementos que hoy en día parecen antiguos y desfasados pero que, en las manos adecuadas, revierten en magnífica literatura. Tiros, muertos, traiciones y giros narrativos taxativos que enamorarán a los que ansíen volver a los orígenes para desintoxicarse de tanto inspector/a nórdico.

Antes de finalizar ahí les dejo un pasaje que da muestras evidentes de la clase de estilo de Megan Abbott y de lo perfectamente asumida que tiene la herencia de Chandler, Cain y el resto de los grandes autores del género noir. «El detective Clancy era justo lo que uno podría haber sospechado. Un escocés-irlandés de rostro colorado y manos rudas y rojizas permanentemente plantadas en las caderas. Un flequillo rebelde, como de escolar, colgado como una pelusa sobre la frente. Ojos maliciosos, pestañas largas y algo frío y astuto anidado entre ellas.

Me miró como si me conociera. Como si lo supiera todo sobre mí. Ya estaba acostumbrada. Los polis llegaban en distintos tamaños y con distintas cicatrices, pero por dentro todos tenían el mismo mecanismo. Siempre te miraban como si hubieras salido de una cadena de montaje para mujeres de mala vida, muñecas de plástico moldeado con el brillo desgastado por el roce de demasiados dedos, dedos de chicos duros. Según ellos, solo servías para dos cosas, para dar información o para dar un revolcón».

Valoración:  7

Megan Abbott (Detroit, 1971) es doctorada en Filología y Literatura Norteamericana por la Universidad de Nueva York. Es la autora de Die a Little (2005), The Song is You (2007), Bury Me Deep (2009) y Reina del Crimen (Es Pop Ediciones, 2010), obra galardonada en 2008 con el premio Edgar y el premio Barry a la mejor novela de misterio del año.

De un tiempo a esta parte ha abandonado parcialmente el género criminal de época para ahondar en el retrato psicológico contemporáneo mediante dos estremecedores estudios del lado oscuro de las adolescentes norteamericanas: The End of Everything (2011) y Dare Me (2012), dos exitosas y celebradas novelas que le han valido el acceso al público literario mayoritario.

Ha cosechado no sólo multitud de premios y elogios por parte de algunos de los grandes popes del género como James Ellroy, George Pelecanos, Allan Guthrie o Ken Bruen, sino también un aplauso unánime por parte de la crítica, que ha llegado a coronarla como “la nueva reina del noir“ y como la más digna heredera de James M. Cain y Raymond Chandler.

MANGUIS

Publicado: 22 junio, 2016 en Reseñas
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Manguis portMANGUIS  (Paco Gómez Escribano)
Por Guille

Corre el año 1972 en Canillejas, un barrio del extrarradio de Madrid. Todos esperan que Luis Fores, inspector jefe en la comisaría de San Blas, sea nombrado subcomisario. Sin embargo el cargo es finalmente para Jerónimo Cabezas, un inspector más joven y con nuevas ideas, como quieren los de arriba, debido al cambio político que se avecina. Esto colma el vaso de las aspiraciones del veterano inspector que decide tomarse la justicia por su mano organizando un atraco a un furgón blindado y garantizarse así una jubilación de oro. Para ello se alía con el Torre, uno de los capos del barrio, en quien delega para conseguir las armas y reunir un equipo de personas de confianza que finalmente resultan ser dos putas, un yonqui y dos politoxicómanos.

 

Con este planteamiento de arranque, y disculpen la crudeza, es jodido resistirse a no echar una ojeada a la última novela de Paco Gómez Escribano. Tercera parada, más que trilogía, de una especie de todo que arrancaba con Yonqui (2014) y Lumpen (2015), llega en 2016 esta Manguis que supone el regreso al barrio de Canillejas y a una serie de personajes tan castizos como demoledores.

En Manguis asistimos a una trama desenfrenada que gira en torno a un atraco. Como en una especie de duelo interpretativo que a mí se me antoja sucesor de aquel entre el Gallego y el Dientes de la novela Prótesis de Andreu Martín, el dúo formado por el Torre y el inspector Luis Fores nos regala momentos de alta calidad literaria. Junto a ellos, personajes como el Rata, el Pitufo, el Cabezón o la Rosi: putas, drogadictos, chorizos, en definitiva, un conjunto variopinto de perdedores y fracasados, gente de baja estofa en busca de la gran estafa. En Manguis no encontraremos grandes arcos de transformación de los personajes: no hay niños buenos que terminan siendo asesinos o delincuentes ni tampoco hay ladrones en busca de redención. Y ni falta que hace. Aquí todos saben a qué carajo han venido: a pegar el palo de sus vidas y (lamento el spoiler) a fe que lo conseguirán. Solo que, como ocurre después de todo gran robo, las cosas no suelen salir como se han elucubrado y los descuidos suelen ser fatales. Paco Gómez Escribano se saca de la manga (y del magín) una novela contundente, rauda y adictiva que en muchos matices comparo con Sociedad Negra de Andreu Martin y, sobre todo, con La estrategia del pequinés de Alexis Ravelo, dos novelas magníficas frente (o junto) a las que Manguis no desmerece en absoluto.

Poco más hay que añadir. Si acaso, que es de agradecer a la editorial Erein, y más en particular a su colección Cosecha Roja, la publicación de títulos y autores alejados del circuito de masas y que, por descontado, rebosan calidad literaria. Por citar al propio Paco Gómez Escribano, «novelas que no están focalizadas en escenarios que todos estamos hartos de reconocer» y que muy poco deberían importar a los lectores ávidos de nuevas y fértiles experiencias. De modo que disfruten de esta estupenda novela. Su cerebro y su alma lo agradecerán.

 

Valoración:  8

 

Paco Gómez Escribano es Ingeniero Técnico Industrial en la rama de Electrónica. Hasta ahora ha publicado cuatro novelas: El círculo alquímico (2011) y Al otro lado (2012), ambas con la editorial Ledoria, con gran éxito entre sus lectores. Con Yonqui (2014), de la editorial Erein, y Lumpen (2015), con la editorial Pan de Letras y escrita a cuatro manos con el escritor Luis Gutiérrez Maluenda, aborda de lleno el género negro. Junto a Manguis comprenden un recorrido fascinante por el barrio del propio autor, Canillejas, situado al este de Madrid. Escribe en diversas publicaciones dedicadas al género negro, en sus blogs y en su página web.