Posts etiquetados ‘Novela policíaca’

Bruma Negra    Lanbro Beltza

23- 24 junio 2017 (Plentzia)

 

Cartel y Programa

 

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Miércoles 24 mayo 19:30 horas. Centro cultural Santa Clara.
Casilda Iturrizar, 10 48920 Portugalete (Bizkaia).

Detective es un término de origen inglés, que literalmente significa detectar un hecho, descubrir, develar, investigar, desenmascarar o aclarar circunstancias así como personas con ellas involucradas. La palabra proviene del latín detectus, y éste del verbo detegere formado por de- (quitar) y -tegere (cubrir). En resumen: en su origen significó «quitar la cubierta»

¿Te animas a retroceder en el tiempo hasta el S. XIX y «quitar la cubierta» a todos esos personajes literarios que han guiado muchas de nuestras lecturas? Para ello contamos con un guía extraordinario, Juan Mari Barasorda, una de las personas que más sabe sobre el tema.

En menos de un par de semanas, las Jornadas de Género Negro de la Universidad de Alicante, Mayo Negro, regresan con su duodécima edición a la ciudad de Alicante…

 

 

XIII Congreso de novela y cine negro: Clásicos y contemporáneos.
2-5 mayo 2017
Universidad de Salamanca

 

422-muerte-en-central-park42,2 MUERTE EN CENTRAL PARK (Javier Sánchez Beaskoetxea)
Por Guille

David va a correr el maratón de Nueva York pero el alcalde suspende la carrera por el huracán Sandy, así que decide matarlo en un acto de justicia (¿o de venganza?). Solo Peter, un policía, se da cuenta de que David es el asesino de modo que lo persigue en una huida a lo largo de los EE.UU. en la que David deberá hacer justicia en más ocasiones. Al año siguiente logra regresar para correr al fin la carrera y, mientras describe kilómetro a kilómetro del maratón sus sentimientos, irá rememorando con fue esa fuga hacia la libertad a la vez que se prepara para lo que le espera al cruzar la meta soñada de Central Park.

Esta es a grandes rasgos la sinopsis de la que, entiendo, debe ser la primera novela de Javier Sánchez-Beaskoetxea, un autor que se define como escritor y maratoniano. Con esas dos pasiones en juego, 42,2 Muerte en Central Park se plantea como una especie de simbiosis: de un lado podría hablarse de un especie de road movie policiaca y de otro, de un compendio de recuerdos, vivencias y sensaciones de David, el protagonista, a lo largo de los más de 42 kilómetros del maratón. Seguramente, en el imaginario de muchos lectores, habrá algunos títulos de novelas o películas con referencia (en muchos casos coyuntural) al tema del atletismo o el maratón como Carros de fuego, Marathon Man, La soledad del corredor de fondo o De qué hablo cuando hablo de correr del japonés Haruki Murakami. Recuerdo haber leído algunas novelas con el trasfondo de una road movie:  por supuesto En el camino de Jack Kerouac , La carretera de Cormac McCarthy,  y más recientemente, Travesía americana del escritor cordobés Manuel Moyano.

Desconozco todo sobre maratones o carreras pero admiro ese espíritu de competitividad, sacrificio y autosuperación que representa el deporte. Correr parece estar de moda, al contrario de lo que ocurre con la literatura, que año tras año va siendo más defenestrada por la sociedad. Siendo así, cuando terminé de leer 42,2 Muerte en Central Park, enseguida me di cuenta de que resulta mejor libro deportivo que novela literaria en el sentido estricto del término. Es indudable que contiene elementos o marcas que llaman al interés y al optimismo: un arranque raudo y sugerente propio del thriller con un punto de partida original (no se mata a un alcalde de Nueva York todos los días), capítulos breves y muy expositivos con diálogos ágiles y situaciones que, a pesar del grado de inverosimilitud que podrían destilar, son bastante reconocibles. Ahora bien, creo que la primacía de las reflexiones de David sobre la carrera lastran el peso de la trama policiaca, en mi opinión, demasiado maniquea una vez que Peter, el policía que lo persigue, conoce que él es el asesino del alcalde y lo chantajea para que cometa otros crímenes y así saciar su sed de justicia (o venganza porque la frontera entre ambos términos es siempre muy frágil). Podría decirse que estamos ante dos novelas en una. Dos novelas muy distintas en las que, como es mi caso, me he centrado más en ver las virtudes y defectos de la trama ficticia que en las impresiones atléticas de David, pero que imagino, habrá sucedido en sentido opuesto en el caso de muchos runners ávidos de experiencias y sensaciones y no tanto de los aspectos puramente narrativos de la novela. En mi opinión, esa disparidad a la que antes hacía referencia entorpece el ritmo de la novela y, sobre todo, la implicación personal o empatía del lector con los protagonistas. Por supuesto, toda novela supone un riesgo asumido. Con uno mismo y con los lectores. Entiendo que Javier lo asumió cuando concibió el argumento de esta novela y que sabía de la complejidad de mezclar o alternar, como bien señala Gerardo Elorriaga de EL CORREO, no solo géneros o subgéneros sino también escenarios físicos y temporales. Es inevitable pensar que, si la expectación de David (y por ende del lector) se acrecienta a medida que este se acerca a la meta, también debería el lector sentir que el cerco de Peter sobre él se cierra, pero no es así. Tanto él como David son hombres de palabra, han pactado su trato de cadáveres a cambio de silencio y así se mantendrán hasta el final. Quizá ese hecho, la falta de algún giro en la parte final o algún imprevisto que aumente la tensión, merme las expectativas de algo que, en palabras del propio autor, se califica como «la novela policiaca del maratón de Nueva York».

Considero que 42.2 Muerte en Central Park es un buen reclamo para runners y deportistas en general pero una obra literaria cuya trama policíaca podía haber dado de más. Ahora bien, si en sucesivas novelas, como espero que ocurra con el caso de  El polizón del buque fantasma, Javier Sánchez-Beaskoetxea es capaz de potenciar los elementos de ficción, los giros narrativos y la profundidad de los personajes por encima de elementos autobiográficos habrá superado muchos obstáculos y ganado muchos adeptos. Estilo, soltura y dedicación no le faltan.


Javier Sánchez-Beaskoetxea (Bilbao, 1963) es Licenciado en Náutica y en Periodismo y Doctor en Periodismo. Actualmente trabaja como profesor en la Universidad del País Vasco. Como escritor es autor de varias guías de montaña, un libro de relatos de un viaje en bicicleta (Solo a través de los Pirineos), varios cuentos (uno de ellos segundo clasificado del Certamen literario on-line), de la novela negra “42,2 Muerte en Central Park” publicada por SB&Ebooks, de la novela marítima de misterio “El polizón del buque fantasma” y de una novela breve también de tema marítimo, “Y, sin embargo”, finalista del Premio Nostromo en Barcelona en 2002 y publicada en 2012 por NUWSL.

villanoir-cartel-2017El ciclo se celebrará en la localidad de La Jacetania del 3 al 5 de marzo, con la participación de una decena de escritores de primer nivel. El mundo de la literatura, el cine, la música y actividades infantiles integran el programa de la cita sobre novela negra.

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                            Programa Villanoir
clavos-en-el-corazonClavos en el corazón (Danielle Thiéry)
Por Fercar

Hay casos como este que arruinan la vida. No hay nada que hacer, te acechan, se te quedan dentro, plantados en tu memoria y en tu corazón, como un clavo que un bromista maléfico se divirtiera en toquetear a intervalos regulares. Piensas en él cada día. No tiene nada que ver con las teorías sobre el duelo imposible o con la justicia que se hace a las víctimas, ni con la búsqueda de una verdad que se debería a las familias. Es una mezcla de todo eso, es verdad, pero esa carga la llevas sobre todo en ti. Y es a ti mismo a quien debes algo. Y no sabes por qué.
El comandante Revel jamás renunciará al caso Porte. Han transcurrido diez años pero jamás dejará de buscar al asesino del matrimonio que regentaba el bar Les Furieux y que murió acuchillado una noche de diciembre. El comandante Revel no es de los que renuncia. Además, esa misma noche de diciembre, su mujer, Marieke, desapareció después de sus clases de canto y nadie supo nunca más de ella, ni de su coche, ni de sus partituras, ni de su hermosa figura. Revel, envejecido, enfermo, adicto al tabaco y al trabajo, busca resolver el caso Porte para salvarse a sí mismo y a su hija Léa, anoréxica, encerrada en sí misma, incapaz de superar la desaparición de su madre.

Mientras tanto, el equipo de Revel, con Lazare y Bréton a la cabeza, deben enfrentarse a un nuevo caso de asesinato, el de una estrella del pop en decadencia que ha aparecido asfixiado en su mansión de Versalles.

De algún modo, ambos casos acaban ligados no solo en la mente de Revel sino en la de todo su equipo.

 

Nunca he sabido muy bien por qué (y por lo tanto soy incapaz de explicarlo con palabras) algunos personajes de novela te llegan de verdad, calándote hasta los huesos y logrando que la trama pase de puntillas y sin hacer ruido a un segundo plano, mientras que otros  (algunos protagonistas destacados de novelas de gran éxito tanto de crítica como de ventas) me resultan anodinos, pesados y más aburridos que una comida de hospital. No sé si a los demás también les pasa, o solo se debe a alguna rareza mía o a algún defecto de fábrica, pero intentando agudizar los sentidos para dar con la clave del asunto, me he encontrado con que parece que en la mayoría de los casos los ingredientes que los autores guardan con celo en la despensa y que suelen emplear para dotar de vida a sus personajes son más o menos los mismos: un poco de esto, una pizca de eso otro, unas gotitas de aquello…, pero el resultado, por alguna extraña razón que se me escapa, puede resultar absolutamente diferente.

Mientras que cuando te encuentras cara a cara con uno de los primeros (no digamos si son dos, tres o más) ya sabes que vas a disfrutar de lo lindo, con los segundos solo te queda rezar para que se cumpla la máxima de Chandler y cada pocas páginas aparezca alguien, aunque sea surgido de la nada, empuñando una pistola.

Por eso siempre me felicito (nunca viene mal colgarse alguna que otra medalla) cuando me doy de bruces con alguno de esos personajes que sé que se van a quedar (y por ende la novela por la que campan a sus anchas) impresos en la retina mucho tiempo después de haber leído la última línea de la última página; aunque soy consciente de que no he tenido mucho que ver en ello y de que el mérito no ha sido mío porque, en realidad, he elegido abrir ese libro en lugar de otro por alguna recomendación, por alguna buena reseña leída, por azar o por quién demonios sabe qué otra razón.

Esto es lo que sucede con la novela que nos ocupa, porque Clavos en el corazón (la expresión clavos en el corazón la emplean los policías cuando tienen un caso no resuelto, y ese clavo los atormenta sabiendo que no podrán sacárselo hasta que el caso esté resuelto) es una novela de personajes, porque son ellos (con su evolución, su psicología, sus filias y sus fobias…) los que consiguen que todo funcione con precisión milimétrica.

El comandante Revel tiene que desenvolverse en dos tramas paralelas: una actual, con la muerte de una estrella del rock venida a menos; y otra pasada y no resuelta, que tiene que ver con la muerte en extrañas circunstancias de la pareja propietaria del bar Les Furieux, y con la desaparición, diez años atrás, de su esposa Marieke, y que constituye el clavo en el corazón del comandante Revel, y  lo que lo ha convertido en un adicto al trabajo, en un fumador empedernido y en un tipo amargado, enfermo y bebedor. Pero Revel no está solo, sino que está muy bien secundado por personajes como su amante Marléne, su hija Léa, el capitán Lazare, Abdel Mimouni, la teniente Breton, la más joven del equipo; y Nathan Lepic, el niño autista y un personaje absolutamente genial y que no dejará indiferente a nadie.

Ambas tramas están muy bien perfiladas (aunque reconozco haberme sentido inmediatamente mucho más cautivado por la segunda que por la primera) y llenas de intensidad, realismo y brillantez; con unos personajes absolutamente cautivadores, auténticos, de carne y hueso y muy bien definidos. La propia autora reconoció que solía perfilar sus personajes, sobre todo los policías, inspirándose en rasgos tomados prestados de sus propios compañeros, y que en el caso de Revel lo hizo de «un comandante que murió de cáncer de pulmón y que tenía ese rasgo de no dejar ningún cabo suelto».

Puede que el comienzo les resulte un poco lento a los amantes de las novelas de ritmo trepidante, de idas y venidas, de golpes bajos y puñaladas a traición, pero pasadas unas pocas páginas, y ya de lleno en la historia, esa sensación se diluye, y uno no puede evitar sentirse atrapado en las redes de Revel, Lepic y compañía, porque Thiéry lo narra todo con un estilo directo y un lenguaje sencillo pero cuidado, demostrando que conoce al dedillo el funcionamiento interno del cuerpo de policía y que pese a que podría estar horas y horas disertando sobre ello y dándonos una clase magistral, amputa lo que sobra con precisión de cirujano para plasmar los atestados y los informes con la exactitud y la minuciosidad justa para que tengamos la sensación de que estamos asistiendo a un caso verídico y con personajes de verdad, sin llegar en ningún momento a indigestarnos.

En opinión de los críticos de Le Figaro Littéraire Clavos en el corazón es «Una novela excelente» y no puedo dejar de darles la razón, salvo para decir que tal vez se hayan quedados cortos.


 

Danielle Thiéry (Viévigne en Côte-d’Or, 1947), es una autora consagrada en Francia, conocida por sus novelas de género negro y criminal.
Sabe de lo que escribe. Sus 30 años como policía le han permitido acumular la suficiente información para que sus novelas ofrezcan pinceladas bastante reales de cómo se mueven los agentes judiciales, los juzgados y el oscuro mundo del crimen.
Durante años ha compatibilizado su trabajo de policía con el de escritora,Thiéry lleva ya una veintena de libros escritos. Su tenacidad la llevó a ser la primera mujer comandante de División en Francia. En la actualidad está jubilada y dedica su tiempo a la literatura.
Con Clavos en el corazón, consiguió el Premio Quai des Orfèvres 2013, otorgado por la votación conjunta de policías, jueces y periodistas.
Ha recibido además el Prix Bourgogne 1997 por La petite fille de Marie Gare, y el Prix Polar 1998 y el Prix Charles Exbrayat 1998 por Mises à mort.

 

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Reina crimen

REINA DEL CRIMEN (Megan Abbott)
Por Guille

Siendo como soy un seguidor acérrimo del espectro literario que forman Jason Starr, Allan Guthrie y, sobre todo, el irlandés Ken Bruen (si ahora mismo tienen cara de póquer y se están preguntando por qué no conocen ni les suenan dichos autores la mejor solución sería correr a una librería y hacerse con algún título), cuando leí en la faja de Reina del Crimen de Megan Abbott los comentarios que los tres vertían acerca de esta novela no pude resistirme a lanzarme de cabeza a leerla. Si a eso se añadían comentarios tales como: “Debería conseguir que los devotos de Cain y Chandler caigan al suelo y pidan clemencia”, como comprenderán la lectura se volvía perentoria. Además, que una escritora como Abbott hubiese erigido una trama con una pareja de mujeres como protagonistas absolutos era un aliciente más para no oponerse. Lamentablemente ni las escritoras ni las mujeres protagonistas suelen prodigarse en este tipo de género y, con el contundente bagaje literario de Abbott y el hecho de que la novela recibiera en 2008 el premio Edgar a la mejor novela de misterio americana, todo indicaba que la cosa no defraudaría.

Y después de leer Reina del Crimen, puedo afirmar que en su conjunto no defrauda en absoluto. Si partimos de la salvedad de que el hard boiled podría considerarse una especie de subgénero muy arraigado en Norteamérica y bastante alejado de un público masivo, y por ende de cualquier etiqueta de best-seller, la novela sin duda hará las delicias de sus seguidores. No se trata de una novela policíaca comercial ni simplona como la mayoría que actualmente inunda los estantes de las librerías. No está ambientada en la época actual sino en los años 50 ni presenta giros espectaculares ni muertes por doquier a cualquier precio o en cualquier situación. Reina del Crimen se macera y se espesa con lentitud, ingenio y un fantástico estilo literario heredero del pulp y de aquellos magníficos autores de los años 40. En efecto, todo en la narración de Abbott resuena con altivez y audacia: desde el cinismo de Cain o la mordacidad de Chandler a la violencia expositiva del mejor Hammett, la novela bebe claramente del clasicismo primigenio de este subgénero. Lo hace soberbiamente en la ambientación y en las atmósferas: garitos diversos como casas de apuestas, casino e hipódromos donde las partidas de cartas, de dados, o la ruleta tienen la misma importancia que la suerte, el engaño, las buenas rachas y los chanchullos para ganar o perder un montón de pasta. Allí se dan cita perdedores, fulleros y fracasados al albur de jefazos y matones de la mafia que no dudan en aplicar la ley de la sangre en cuanto las cosas se ponen feas. Es en ese escenario de pecado, crimen y sangre donde despunta la figura de Gloria Denton, «una superviviente de la era dorada del crimen organizado, capaz de tratarse de igual a igual con los grandes señores del hampa, como Bugsy Siegel y Lucky Luciano, decide que ha llegado el momento de buscarse una sucesora. Astuta y despiadada, Gloria pondrá el mundo a los pies de su protegida… siempre y cuando esté dispuesta a pagar el precio». La sucesora, de la cual desconocemos la identidad porque es la encargada de llevarnos a lo largo de la narración, entra al servicio de Gloria, por la cual no solo siente admiración sino también una especie de atracción a todos los niveles: física, profesional y emocionalmente. «Nunca supe realmente qué fue lo que vio en mí. Parecías saber un par de cosas, me diría tiempo después. Y estar dispuesta a aprender muchas más». Es en esa primera parte de la novela cuando asistimos al reclutamiento de la sucesora de Gloria Denton, una pícara de poca monta a quien se le van asignando trabajos de mayor importancia y cuantía hasta que… Hasta que aparece en su vida un hombre, Vic Riordan. Ludópata compulsivo, fullero, bebedor, chulo…, un personaje que seducirá (y enredará) a la protagonista hasta imprevisibles consecuencias. Y podría decirse que hasta ahí puedo leer, porque después todo se precipita hacia un final digno del mejor noir clásico.

Es obvio que Megan Abbott no inventa nada nuevo. Es más, yo diría que su acierto principal reside en invertir la fórmula del triángulo formado por dos hombres en manos de una femme fatale creando la figura de un homme fatale, como es Vic Riordan, cuya aparición será clave para cambiar la relación de Gloria Denton y nuestra protagonista.

He leído que Reina del Crimen sería algo así como Eva al desnudo pasada por el tamiz de Jim Thompson. Sin duda es así. Una novela excepcionalmente escrita y recreada, destilada con elementos que hoy en día parecen antiguos y desfasados pero que, en las manos adecuadas, revierten en magnífica literatura. Tiros, muertos, traiciones y giros narrativos taxativos que enamorarán a los que ansíen volver a los orígenes para desintoxicarse de tanto inspector/a nórdico.

Antes de finalizar ahí les dejo un pasaje que da muestras evidentes de la clase de estilo de Megan Abbott y de lo perfectamente asumida que tiene la herencia de Chandler, Cain y el resto de los grandes autores del género noir. «El detective Clancy era justo lo que uno podría haber sospechado. Un escocés-irlandés de rostro colorado y manos rudas y rojizas permanentemente plantadas en las caderas. Un flequillo rebelde, como de escolar, colgado como una pelusa sobre la frente. Ojos maliciosos, pestañas largas y algo frío y astuto anidado entre ellas.

Me miró como si me conociera. Como si lo supiera todo sobre mí. Ya estaba acostumbrada. Los polis llegaban en distintos tamaños y con distintas cicatrices, pero por dentro todos tenían el mismo mecanismo. Siempre te miraban como si hubieras salido de una cadena de montaje para mujeres de mala vida, muñecas de plástico moldeado con el brillo desgastado por el roce de demasiados dedos, dedos de chicos duros. Según ellos, solo servías para dos cosas, para dar información o para dar un revolcón».

Valoración:  7

Megan Abbott (Detroit, 1971) es doctorada en Filología y Literatura Norteamericana por la Universidad de Nueva York. Es la autora de Die a Little (2005), The Song is You (2007), Bury Me Deep (2009) y Reina del Crimen (Es Pop Ediciones, 2010), obra galardonada en 2008 con el premio Edgar y el premio Barry a la mejor novela de misterio del año.

De un tiempo a esta parte ha abandonado parcialmente el género criminal de época para ahondar en el retrato psicológico contemporáneo mediante dos estremecedores estudios del lado oscuro de las adolescentes norteamericanas: The End of Everything (2011) y Dare Me (2012), dos exitosas y celebradas novelas que le han valido el acceso al público literario mayoritario.

Ha cosechado no sólo multitud de premios y elogios por parte de algunos de los grandes popes del género como James Ellroy, George Pelecanos, Allan Guthrie o Ken Bruen, sino también un aplauso unánime por parte de la crítica, que ha llegado a coronarla como “la nueva reina del noir“ y como la más digna heredera de James M. Cain y Raymond Chandler.

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