Posts etiquetados ‘Novela policíaca’

Traición     
                                                                                      Walter Mosley

Trece años atrás Joe King Oliver era un honesto agente de policía de Nueva York con una única debilidad: las mujeres. Inconsciente de que tenía poderosos enemigos en el Cuerpo, fue víctima de una trampa que lo condujo a la prisión de Rikers Island durante una temporada. Víctima de vejaciones —pero también forzado a utilizar la violencia— y abandonado por su esposa mientras cumplía condena, al recuperar la libertad su visión del mundo pasó a ser cínica y desencantada. Hoy ejerce de detective privado con la ayuda de su hija adolescente, la única que lo saca de su perenne soledad, y, visto que seguir las reglas y ser honesto no le fueron de mucha utilidad en el pasado, no duda en recurrir a métodos poco ortodoxos si lo cree conveniente.
Después de recibir una carta de una mujer confesándole que le pagaron por acusarlo de una falsa agresión sexual para meterlo en la sombra, Joe decide investigar qué excompañeros tramaron su caída y los motivos que les impulsaron a hacerlo. En paralelo acepta ayudar a un activista negro, conocido por su radicalismo político, sobre el que pende la pena capital al ser acusado de matar a tiros a dos policías en acto de servicio. Lo que nadie dice es que los agentes fallecidos trapicheaban con mercancías robadas, traficaban con drogas, explotaban sexualmente a jóvenes sin hogar e incluso asesinaban. Ayudado por un sociópata sobrado de recursos, Melquarth Frost, sus pesquisas desvelarán un entramado de corrupción y brutalidad contra la población negra por parte de aquellos miembros encargados teóricamente de su protección. En busca de justicia social y redención personal, el protagonista avanzará por una jungla de agentes de la ley y abogados taimados preocupándose de mantener a su hija alejada del peligro.

 

XII PREMIO RBA DE NOVELA POLICÍACA  

 

Walter Mosley (Los Ángeles, 1952) es uno de los autores de género negro más admirados y premiados de Estados Unidos, y llegó a ser escogido Grand Master por la asociación Mystery Writers of America. Sus libros han sido traducidos a más de veinte idiomas y entre los galardones que ha obtenido a lo largo de su carrera se cuentan el Pen USA’s Lifetime Achievement Award, el NAACP Image Award y el Grammy.
Principalmente conocido por su serie dedicada al investigador Easy Rawlins —cuyo debut, El diablo vestido de azul, fue objeto de una adaptación cinematográfica con Denzel Washington encabezando el reparto—, también ha publicado novelas de ciencia ficción, eróticas y juveniles, así como novelas gráficas, ensayos, obras de teatro y relatos. Colabora en medios como The New York Times Book Review, The New York Times Magazine, Newsweek y The Nation. Reside en Nueva York.

 

 

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VI Encuentros Bruma negra 2018.
Cartel y programa

Lugar La Casa de Cultura (Goñi Portal) sede de la Exposición Novelas Negras para la Historia/Eleberri Beltzak Historian (18 a 24 de junio)

Bruma Negra    Lanbro Beltza

23- 24 junio 2017 (Plentzia)

 

Cartel y Programa

 

Miércoles 24 mayo 19:30 horas. Centro cultural Santa Clara.
Casilda Iturrizar, 10 48920 Portugalete (Bizkaia).

Detective es un término de origen inglés, que literalmente significa detectar un hecho, descubrir, develar, investigar, desenmascarar o aclarar circunstancias así como personas con ellas involucradas. La palabra proviene del latín detectus, y éste del verbo detegere formado por de- (quitar) y -tegere (cubrir). En resumen: en su origen significó «quitar la cubierta»

¿Te animas a retroceder en el tiempo hasta el S. XIX y «quitar la cubierta» a todos esos personajes literarios que han guiado muchas de nuestras lecturas? Para ello contamos con un guía extraordinario, Juan Mari Barasorda, una de las personas que más sabe sobre el tema.

En menos de un par de semanas, las Jornadas de Género Negro de la Universidad de Alicante, Mayo Negro, regresan con su duodécima edición a la ciudad de Alicante…

 

 

XIII Congreso de novela y cine negro: Clásicos y contemporáneos.
2-5 mayo 2017
Universidad de Salamanca

 

422-muerte-en-central-park42,2 MUERTE EN CENTRAL PARK (Javier Sánchez Beaskoetxea)
Por Guille

David va a correr el maratón de Nueva York pero el alcalde suspende la carrera por el huracán Sandy, así que decide matarlo en un acto de justicia (¿o de venganza?). Solo Peter, un policía, se da cuenta de que David es el asesino de modo que lo persigue en una huida a lo largo de los EE.UU. en la que David deberá hacer justicia en más ocasiones. Al año siguiente logra regresar para correr al fin la carrera y, mientras describe kilómetro a kilómetro del maratón sus sentimientos, irá rememorando con fue esa fuga hacia la libertad a la vez que se prepara para lo que le espera al cruzar la meta soñada de Central Park.

Esta es a grandes rasgos la sinopsis de la que, entiendo, debe ser la primera novela de Javier Sánchez-Beaskoetxea, un autor que se define como escritor y maratoniano. Con esas dos pasiones en juego, 42,2 Muerte en Central Park se plantea como una especie de simbiosis: de un lado podría hablarse de un especie de road movie policiaca y de otro, de un compendio de recuerdos, vivencias y sensaciones de David, el protagonista, a lo largo de los más de 42 kilómetros del maratón. Seguramente, en el imaginario de muchos lectores, habrá algunos títulos de novelas o películas con referencia (en muchos casos coyuntural) al tema del atletismo o el maratón como Carros de fuego, Marathon Man, La soledad del corredor de fondo o De qué hablo cuando hablo de correr del japonés Haruki Murakami. Recuerdo haber leído algunas novelas con el trasfondo de una road movie:  por supuesto En el camino de Jack Kerouac , La carretera de Cormac McCarthy,  y más recientemente, Travesía americana del escritor cordobés Manuel Moyano.

Desconozco todo sobre maratones o carreras pero admiro ese espíritu de competitividad, sacrificio y autosuperación que representa el deporte. Correr parece estar de moda, al contrario de lo que ocurre con la literatura, que año tras año va siendo más defenestrada por la sociedad. Siendo así, cuando terminé de leer 42,2 Muerte en Central Park, enseguida me di cuenta de que resulta mejor libro deportivo que novela literaria en el sentido estricto del término. Es indudable que contiene elementos o marcas que llaman al interés y al optimismo: un arranque raudo y sugerente propio del thriller con un punto de partida original (no se mata a un alcalde de Nueva York todos los días), capítulos breves y muy expositivos con diálogos ágiles y situaciones que, a pesar del grado de inverosimilitud que podrían destilar, son bastante reconocibles. Ahora bien, creo que la primacía de las reflexiones de David sobre la carrera lastran el peso de la trama policiaca, en mi opinión, demasiado maniquea una vez que Peter, el policía que lo persigue, conoce que él es el asesino del alcalde y lo chantajea para que cometa otros crímenes y así saciar su sed de justicia (o venganza porque la frontera entre ambos términos es siempre muy frágil). Podría decirse que estamos ante dos novelas en una. Dos novelas muy distintas en las que, como es mi caso, me he centrado más en ver las virtudes y defectos de la trama ficticia que en las impresiones atléticas de David, pero que imagino, habrá sucedido en sentido opuesto en el caso de muchos runners ávidos de experiencias y sensaciones y no tanto de los aspectos puramente narrativos de la novela. En mi opinión, esa disparidad a la que antes hacía referencia entorpece el ritmo de la novela y, sobre todo, la implicación personal o empatía del lector con los protagonistas. Por supuesto, toda novela supone un riesgo asumido. Con uno mismo y con los lectores. Entiendo que Javier lo asumió cuando concibió el argumento de esta novela y que sabía de la complejidad de mezclar o alternar, como bien señala Gerardo Elorriaga de EL CORREO, no solo géneros o subgéneros sino también escenarios físicos y temporales. Es inevitable pensar que, si la expectación de David (y por ende del lector) se acrecienta a medida que este se acerca a la meta, también debería el lector sentir que el cerco de Peter sobre él se cierra, pero no es así. Tanto él como David son hombres de palabra, han pactado su trato de cadáveres a cambio de silencio y así se mantendrán hasta el final. Quizá ese hecho, la falta de algún giro en la parte final o algún imprevisto que aumente la tensión, merme las expectativas de algo que, en palabras del propio autor, se califica como «la novela policiaca del maratón de Nueva York».

Considero que 42.2 Muerte en Central Park es un buen reclamo para runners y deportistas en general pero una obra literaria cuya trama policíaca podía haber dado de más. Ahora bien, si en sucesivas novelas, como espero que ocurra con el caso de  El polizón del buque fantasma, Javier Sánchez-Beaskoetxea es capaz de potenciar los elementos de ficción, los giros narrativos y la profundidad de los personajes por encima de elementos autobiográficos habrá superado muchos obstáculos y ganado muchos adeptos. Estilo, soltura y dedicación no le faltan.


Javier Sánchez-Beaskoetxea (Bilbao, 1963) es Licenciado en Náutica y en Periodismo y Doctor en Periodismo. Actualmente trabaja como profesor en la Universidad del País Vasco. Como escritor es autor de varias guías de montaña, un libro de relatos de un viaje en bicicleta (Solo a través de los Pirineos), varios cuentos (uno de ellos segundo clasificado del Certamen literario on-line), de la novela negra “42,2 Muerte en Central Park” publicada por SB&Ebooks, de la novela marítima de misterio “El polizón del buque fantasma” y de una novela breve también de tema marítimo, “Y, sin embargo”, finalista del Premio Nostromo en Barcelona en 2002 y publicada en 2012 por NUWSL.

villanoir-cartel-2017El ciclo se celebrará en la localidad de La Jacetania del 3 al 5 de marzo, con la participación de una decena de escritores de primer nivel. El mundo de la literatura, el cine, la música y actividades infantiles integran el programa de la cita sobre novela negra.

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                            Programa Villanoir
clavos-en-el-corazonClavos en el corazón (Danielle Thiéry)
Por Fercar

Hay casos como este que arruinan la vida. No hay nada que hacer, te acechan, se te quedan dentro, plantados en tu memoria y en tu corazón, como un clavo que un bromista maléfico se divirtiera en toquetear a intervalos regulares. Piensas en él cada día. No tiene nada que ver con las teorías sobre el duelo imposible o con la justicia que se hace a las víctimas, ni con la búsqueda de una verdad que se debería a las familias. Es una mezcla de todo eso, es verdad, pero esa carga la llevas sobre todo en ti. Y es a ti mismo a quien debes algo. Y no sabes por qué.
El comandante Revel jamás renunciará al caso Porte. Han transcurrido diez años pero jamás dejará de buscar al asesino del matrimonio que regentaba el bar Les Furieux y que murió acuchillado una noche de diciembre. El comandante Revel no es de los que renuncia. Además, esa misma noche de diciembre, su mujer, Marieke, desapareció después de sus clases de canto y nadie supo nunca más de ella, ni de su coche, ni de sus partituras, ni de su hermosa figura. Revel, envejecido, enfermo, adicto al tabaco y al trabajo, busca resolver el caso Porte para salvarse a sí mismo y a su hija Léa, anoréxica, encerrada en sí misma, incapaz de superar la desaparición de su madre.

Mientras tanto, el equipo de Revel, con Lazare y Bréton a la cabeza, deben enfrentarse a un nuevo caso de asesinato, el de una estrella del pop en decadencia que ha aparecido asfixiado en su mansión de Versalles.

De algún modo, ambos casos acaban ligados no solo en la mente de Revel sino en la de todo su equipo.

 

Nunca he sabido muy bien por qué (y por lo tanto soy incapaz de explicarlo con palabras) algunos personajes de novela te llegan de verdad, calándote hasta los huesos y logrando que la trama pase de puntillas y sin hacer ruido a un segundo plano, mientras que otros  (algunos protagonistas destacados de novelas de gran éxito tanto de crítica como de ventas) me resultan anodinos, pesados y más aburridos que una comida de hospital. No sé si a los demás también les pasa, o solo se debe a alguna rareza mía o a algún defecto de fábrica, pero intentando agudizar los sentidos para dar con la clave del asunto, me he encontrado con que parece que en la mayoría de los casos los ingredientes que los autores guardan con celo en la despensa y que suelen emplear para dotar de vida a sus personajes son más o menos los mismos: un poco de esto, una pizca de eso otro, unas gotitas de aquello…, pero el resultado, por alguna extraña razón que se me escapa, puede resultar absolutamente diferente.

Mientras que cuando te encuentras cara a cara con uno de los primeros (no digamos si son dos, tres o más) ya sabes que vas a disfrutar de lo lindo, con los segundos solo te queda rezar para que se cumpla la máxima de Chandler y cada pocas páginas aparezca alguien, aunque sea surgido de la nada, empuñando una pistola.

Por eso siempre me felicito (nunca viene mal colgarse alguna que otra medalla) cuando me doy de bruces con alguno de esos personajes que sé que se van a quedar (y por ende la novela por la que campan a sus anchas) impresos en la retina mucho tiempo después de haber leído la última línea de la última página; aunque soy consciente de que no he tenido mucho que ver en ello y de que el mérito no ha sido mío porque, en realidad, he elegido abrir ese libro en lugar de otro por alguna recomendación, por alguna buena reseña leída, por azar o por quién demonios sabe qué otra razón.

Esto es lo que sucede con la novela que nos ocupa, porque Clavos en el corazón (la expresión clavos en el corazón la emplean los policías cuando tienen un caso no resuelto, y ese clavo los atormenta sabiendo que no podrán sacárselo hasta que el caso esté resuelto) es una novela de personajes, porque son ellos (con su evolución, su psicología, sus filias y sus fobias…) los que consiguen que todo funcione con precisión milimétrica.

El comandante Revel tiene que desenvolverse en dos tramas paralelas: una actual, con la muerte de una estrella del rock venida a menos; y otra pasada y no resuelta, que tiene que ver con la muerte en extrañas circunstancias de la pareja propietaria del bar Les Furieux, y con la desaparición, diez años atrás, de su esposa Marieke, y que constituye el clavo en el corazón del comandante Revel, y  lo que lo ha convertido en un adicto al trabajo, en un fumador empedernido y en un tipo amargado, enfermo y bebedor. Pero Revel no está solo, sino que está muy bien secundado por personajes como su amante Marléne, su hija Léa, el capitán Lazare, Abdel Mimouni, la teniente Breton, la más joven del equipo; y Nathan Lepic, el niño autista y un personaje absolutamente genial y que no dejará indiferente a nadie.

Ambas tramas están muy bien perfiladas (aunque reconozco haberme sentido inmediatamente mucho más cautivado por la segunda que por la primera) y llenas de intensidad, realismo y brillantez; con unos personajes absolutamente cautivadores, auténticos, de carne y hueso y muy bien definidos. La propia autora reconoció que solía perfilar sus personajes, sobre todo los policías, inspirándose en rasgos tomados prestados de sus propios compañeros, y que en el caso de Revel lo hizo de «un comandante que murió de cáncer de pulmón y que tenía ese rasgo de no dejar ningún cabo suelto».

Puede que el comienzo les resulte un poco lento a los amantes de las novelas de ritmo trepidante, de idas y venidas, de golpes bajos y puñaladas a traición, pero pasadas unas pocas páginas, y ya de lleno en la historia, esa sensación se diluye, y uno no puede evitar sentirse atrapado en las redes de Revel, Lepic y compañía, porque Thiéry lo narra todo con un estilo directo y un lenguaje sencillo pero cuidado, demostrando que conoce al dedillo el funcionamiento interno del cuerpo de policía y que pese a que podría estar horas y horas disertando sobre ello y dándonos una clase magistral, amputa lo que sobra con precisión de cirujano para plasmar los atestados y los informes con la exactitud y la minuciosidad justa para que tengamos la sensación de que estamos asistiendo a un caso verídico y con personajes de verdad, sin llegar en ningún momento a indigestarnos.

En opinión de los críticos de Le Figaro Littéraire Clavos en el corazón es «Una novela excelente» y no puedo dejar de darles la razón, salvo para decir que tal vez se hayan quedados cortos.


 

Danielle Thiéry (Viévigne en Côte-d’Or, 1947), es una autora consagrada en Francia, conocida por sus novelas de género negro y criminal.
Sabe de lo que escribe. Sus 30 años como policía le han permitido acumular la suficiente información para que sus novelas ofrezcan pinceladas bastante reales de cómo se mueven los agentes judiciales, los juzgados y el oscuro mundo del crimen.
Durante años ha compatibilizado su trabajo de policía con el de escritora,Thiéry lleva ya una veintena de libros escritos. Su tenacidad la llevó a ser la primera mujer comandante de División en Francia. En la actualidad está jubilada y dedica su tiempo a la literatura.
Con Clavos en el corazón, consiguió el Premio Quai des Orfèvres 2013, otorgado por la votación conjunta de policías, jueces y periodistas.
Ha recibido además el Prix Bourgogne 1997 por La petite fille de Marie Gare, y el Prix Polar 1998 y el Prix Charles Exbrayat 1998 por Mises à mort.

 

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