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XIII Congreso de novela y cine negro: Clásicos y contemporáneos.
2-5 mayo 2017
Universidad de Salamanca

 

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El género del ‘thriller’ vive una época dorada en nuestro país, como demuestran las películas aspirantes este año a los Goya.

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CIEN AÑOS DE PERDÓN  (Daniel Calparsoro)
Por Fercar
cien-anos-perdonDirección:      Daniel Calparsoro
Reparto:          Rodrigo De la Serna, Luis Tosar, Raúl Arévalo, Patricia Vico, José Coronado, Joaquín Furriel, Marian Álvarez, Luciano Cáceres, Luis Callejo, Joaquín Climent
Año:                     2016.
Duración:         97 minutos.
Género:             Thriller/ Cine negro/Atracos.
Guión:                 Jorge Guerricaechevarría.
Fotografía:       Josu Inchaustegui.
Música:              Julio de la Rosa.

 

En una mañana lluviosa, una sucursal bancaria es atracada por seis hombres que ocultan sus rostros detrás de una máscara, que van fuertemente armados y que son, en apariencia (aunque a veces las apariencias engañen), muy peligrosos.

Lo que debía haber sido un trabajo fácil, un coser y cantar, se complica sobremanera por culpa de las siempre impredecibles y en este caso inoportunas condiciones atmosféricas, lo que provoca, entre otras cosas, el enfrentamiento entre el Uruguayo y el Gallego, los dos aparentes líderes de la banda.

cien-anos-de-perdon-1Cien años de perdón tiene muchas similitudes con la anterior película que reseñé en el blog, El desconocido. Ambas forman parte de ese conjunto de películas que se están realizando últimamente: con eficacia, rigor y seriedad, y que aúnan calidad, variedad y entretenimiento, demostrando de paso que el género negro patrio pasa por un buen momento. Películas que, incluso a riesgo de parecer pesado, no me canso de nombrar (La caja 507, La noche de los girasoles, El niño, La celda 211, Grupo 7, La isla mínima, No habrá paz para los malvados, Sicarius: la noche y el silencio, Que dios nos perdone, Tarde para la ira, El hombre de las mil caras, etc).

Ambas comparten además la autoría de la fotografía , Josu Inchaustegui  (Operación E, A cambio de nada), y uno de los actores principales (Luís Tosar), y en ambos casos la puesta en escena, con un papel relevante para la acción y para los efectos especiales , es más propia del cine hollywoodiense que del habitual por estos lares.

También en este caso el escenario es una ciudad española (si en El desconocido era A Coruña, ahora le toca el turno a Valencia), ciudades que, aunque esto es posible que cambie más pronto que tarde, no acostumbramos a ver como escenarios de películas de este tipo.

Al igual que sucedía en El desconocido, tampoco en este caso la trama nos presenta nada nuevo: películas de atracos a bancos las hay a patadas, tantas que en un hipotético concurso al modo del extinto Un, dos, tres uno podría llevarse un buen pellizco enumerándolas. Como pequeño matiz resaltar que en esta cinta la mayor relevancia la ocupa, no la forma de cometer el atraco, sino la manera de huir. Como muestra un botón, en cuanto comenzaron los primeros giros argumentales, se me vino a la cabeza Plan oculto (2006), de Spike Lee.

cien-anos2En lo referente al aspecto social, si en El desconocido este hacía su aparición en escena bien avanzado el metraje, y lo hacía sin hacer suido, de forma sutil; en el caso de la cinta que nos ocupa lo hace desde el minuto uno, e irrumpe en escena como un elefante en una cacharrería: enseguida comprobamos que los empleados de la entidad bancaria están más preocupados por la existencia de una lista, más temible que la de Harry el sucio y que puede dar con sus huesos en la cola del INEM, que por cualquier otra cuestión. Que la crisis golpea con fuerza, que no hay líquido para las empresas en apuros, que las hipotecas se ejecutan sin ningún pudor, y que lo que sí hay es una total ausencia de ética.

«Señores, señoras, disculpen las molestias pero esto es un atraco. Y no me refiero a lo que se realiza cotidianamente en estas oficinas, por si alguno me entendió mal».

La cinta nos presenta la idea de que al final el atracador en realidad no es el malo (al menos no el único malo) de la película, en una sociedad donde abundan los políticos corruptos (la existencia de una caja de seguridad con datos comprometedores), banqueros corruptos, policías corruptos movidos únicamente por el interés propio («…alguien receptivo, que esté dispuesto a comerse el marrón…»), e incluso ciudadanos de a pie que si pueden, no dudan en apropiarse de lo ajeno, aplicando la filosofía de que quien roba a un ladrón…y es precisamente esa idea la que pueda hacer tambalearse un poco al conjunto en un primer momento, dando la sensación de que en este aspecto se han cargado demasiado las tintas y que en realidad no será para tanto. Luego uno recuerda dónde está, el último (o el penúltimo o el antepenúltimo, o el ante antepenúltimo) informativo que ha oído en la radio o visto en la caja tonta y la cosa encaja como una ficha del Tetris bien colocada (no en vano la corrupción es, según el CIS, la segunda mayor preocupación ciudadana solo precedida por, no sé si no se habrán equivocado, el paro).

ICULT película CIEN AÑOS DE PERDON

El guión, firmado por Jorge Guerricaechevarría (Cien años de perdón, El niño, La celda 211, Los crímenes de Oxford, La comunidad, El día de la bestia…) es sobrio y equilibrado, sin altibajos. Una trama que avanza siempre con paso firme, apoyándose de vez en cuando en algún que otro giro argumental que ayuda a mantener el interés y la tensión, así como en las interpretaciones, aspecto este crucial si se quiere que todo el tinglado no se venga abajo.

De Tosar se puede decir que está como siempre, y con eso ya está todo dicho. Rodrigo de la Serna es la gran sorpresa (nominado al Goya al mejor actor revelación), por lo menos para mí, dándole el contrapunto al primero en todo momento y con una actuación espléndida e inquietante, que si bien a algunos les pueda parecer algo histriónica y sobreactuada, a mí me ha encantado.

Tampoco desmerecen otros secundarios entre los que destaca Joaquín furriel, que lo borda en el papel de un argentino tontorrón y alocado que aporta a la película buenas dosis de humor.

Los demás, hacen lo que tienen que hacer y lo hacen sin excesivos alardes, pero sin desmerecer tampoco el papel de sus compañeros, que no es poco. La presencia en la cinta de Luciano Cáceres se agradece, Patricia vico está creíble en el papel de la directora de la sucursal, y Raúl Arévalo, José Coronado y Luís Callejo pasan desapercibidos, cumpliendo con su cometido.

En definitiva, Calparsoro (demostrando su personalidad y oficio) nos presenta un film entretenido, con ritmo, con un guión solvente, muy bien contado e interpretado (actores competentes y una buena química entre el dúo protagonista), que nos relata una historia compacta, que no se diluye y que sabe arroparse con las dosis justas de tensión y con un buen pellizco de humor, en mi opinión siempre tan de agradecer, y completándose el conjunto con un acabado técnico que pone de manifiesto que su director sabe lo que se hace.

SICARIUS: LA NOCHE Y EL SILENCIO  (Javier Muñoz)
Por Guille
sicarivsDirección:      Javier Muñoz
Reparto:          Víctor Clavijo, Pedro Casablanc, Sebastián Haro, Carlos Olalla, Chete Lera, Alejandra Lorente, Mario Pardo, Roger Pera, Fernando Gil, Israel Elejalde, Nahia Laiz, María Cecilia Sánchez, Aníbal Soto
Año:                     2015.
Duración:         94 minutos.
Género:             Thriller/ crimen/Neo-noir.
Guión:                 Javier Muñoz.
Fotografía:       Javier Cerdá.
Música:              Mariano Marín.

 

«Soy la noche que enmarcara tu conciencia, soy el silencio que sale de tus labios…».

 Sicarius, la noche y el silencio  nos presenta a un asesino a sueldo que mata por encargo, limpiamente y sin remordimientos, preguntas ni justificaciones. Hasta que un día recibe el encargo de matar a una mujer embarazada que resulta ser la esposa del cliente que lo ha contratado, un prestigioso abogado. Intrigado por saber la razón de ese encargo, el sicario perdona la vida a la esposa e inicia la investigación desde su círculo más próximo (un colega que es policía corrupto) hasta llegar a las últimas consecuencias.

La trama va llevándonos de un lugar y de un personaje a otro como una especie de whodunit o como un juego de matrioskas. El sicario va visitando escenarios: el piso de la víctima, el del colega policía, un puticlub, un motel, un bar de copas, un ayuntamiento donde se lleva a cabo una partida de póquer clandestina…, y recluta la información necesaria de esas víctimas que caen a su paso bajo el yugo de su arma con silenciador. Una pista lleva a la siguiente hasta llegar al principio creador: ¿por qué el encargo de eliminar a esta mujer embarazada?

sicarius2Quizá lo más acertado de este filme sea el modo de abordar o enfocar su personaje principal. «Vivo entre vosotros porque vosotros me creasteis, me hicisteis quien soy y de vez en cuando me necesitáis. Soy ese vecino encantador que siempre os da los buenos días, soy ese ciudadano solidario que siempre cede el asiento a las ancianas, soy esa persona normal y corriente que se sienta junto a vosotros en la butaca de un cine…», dice el personaje de Clavijo. Un sicario con escasos remordimientos pero que en cierto momento se plantea averiguar quien maneja los hilos que le mueven en ese juego de muerte y destrucción y decide llegar a las últimas consecuencias. Obviamente no estamos ante nada nuevo bajo el sol pero Sicarius contiene cualidades innatas que la hacen bastante apetecible.

En primer lugar está claro que el director Javier Muñoz ha acertado de pleno con la elección del casting. Víctor Clavijo ejecuta con maestría su papel de asesino a sueldo. El complemento de su voz en off realza el discurso narrativo, nos sirve para reforzar el modus operandi y las motivaciones de su personaje. Como bien dice Muñoz: «Si no existiese esa voz en off parecería otra película más de un personaje pegando tiros sin ton ni son», al estilo, añadiría yo, de los peores filmes de Charles Bronson o Jason Stathan. Clavijo lo borda. Un actor al que había visto en algunas cosas pequeñas y con escasa relevancia y que aquí realiza un magnífico trabajo. No me quedaré calvo si afirmo que es el mejor actor de esa generación de actores y actrices que salieron de la serie Al salir de clase, y de los que formaban parte Elsa Pataky,  Mariano Alameda o Sergio Peris-Mencheta. Si en aquellos guiones Clavijo ya ejecutaba hábilmente el papel de adolescente maquiavélico y sin escrúpulos aquí se reivindica como un actor muy dotado para esa clase de roles muy habituales (y necesarios) en el género negro.

Quizá, y solo quizá, me chirría un poco más el personaje de Pedro Casablanc, el mentor del sicario, quien suelta una especie de clase magistral sobre cómo llegar a ser un sicario de futuro. Su director lo justifica como algo que puede verse desde el punto de vista onírico, una especie de déjà vu del protagonista sobre su período de aprendizaje antes de convertirse en el asesino que ahora vemos en pantalla. En mi opinión resulta un elemento redundante pero Muñoz lo conduce de una manera muy inteligente: con la presencia del blanco y negro y con esa atmósfera repleta de humo y esa cámara que no deja de girar en torno a su figura, lo cual minimiza el efecto de malestar ante tanta perorata.

sicarius3Como digo, uno de los aciertos es la elección del casting, en la que al parecer estuvo implicado personalmente el propio director (es lo que tiene ser debutante: tienes que hacer todo y de todo). De Pedro Casablanc no voy a descubrir nada. En mi opinión es un actor como la copa de un pino: curtido en teatro y televisión y con una presencia apabullante sea lo que sea que le pongan delante. A él y a Clavijo los secundan profesionales de renombre como Chete Lera, Sebastián Haro, Carlos Olalla o Mario Pardo en apariciones breves pero contundentes.

Una película que tiene ramalazos de Collateral, de Looper o de Leon, el profesional  pero que también tiene que ver con El Crack de José Luis Garci o con El detective y la muerte de Gonzalo Suárez. Un filme que tiene ese aroma a trabajo serio, eficaz y entretenido que se destila en el cine español a lo largo de los últimos años: La caja 507, Grupo 7, No habrá paz para los malvados, La isla mínima, Cien años de perdón, o sin ir más lejos recientemente, Tarde para la ira de Raúl Arévalo o Que dios nos perdone, de Rodrigo Sorogoyen. Como acertadamente afirma Javier Muñoz, «si con este filón en España se estrenasen al año cinco o seis filmes de género negro o policíaco, el público vería el cine español como algo serio y de calidad».

Sicarius, la noche y el silencio lo es porque es una propuesta arriesgada, un cine en cierto modo a contracorriente pero en nada ajeno al entretenimiento o la comercialidad que parece exigirse hoy día (en mi opinión, más por parte de los productores que de los espectadores). Es un cine con ritmo y con una puesta en escena loables y que sin duda deberían tener un eco mayor en la cultura cinéfila de este país. Quiero pensar que si Sicarius hubiese sido producida en Francia o Suecia, dos países con tradición y respeto al género noir, otro gallo cantaría. Sin duda queda camino por recorrer pero el género negro en el cine español está en auge, con calidad y variedad. Esperemos que siga así.

El desconocido

Publicado: 1 septiembre, 2016 en Reseñas
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EL DESCONOCIDO  (Dani de la Torre)
Por Fercar
desconocido1Dirección:      Dani de la torre
Reparto:          Luis Tosar, Javier Gutiérrez, Goya Toledo, Elvira Mínguez, Fernando Cayo, Paula del Río, Marco Ruíz, Luis Zahera.
Año:                     2015.
Duración:         91 minutos.
Género:             Thriller.
Guión:                 Alberto Marini.
Fotografía:       Josu Inchaustegui.
Música:              Manuel Riveiro.

 

Un día, Carlos (Luis Tosar), un ejecutivo de un banco, de camino en coche para llevar a sus hijos al colegio, recibe una llamada anónima. El misterioso personaje que se encuentra al otro lado del teléfono le da la orden de conseguir una determinada cantidad de dinero en apenas unas horas. Si no lo hace, su coche, explotará.

 

Que siento cierta predilección por el género negro no es ningún secreto, y siendo además como soy, un cinéfilo confeso, no es de extrañar que la perspectiva de disfrutar del noir en la gran pantalla no sea un plan en absoluto desdeñable, aspecto este en el que por desgracia el cine patrio no es precisamente un referente, a años luz del de EEUU que nos ha dejado un buen puñado de cintas inolvidables (sería una tarea titánica intentar nombrarlas todas) o del francés, tan de mi agrado, por mencionar solo algunos ejemplos.

En cierto momento de la historia tal vez no se podía: siendo el género negro un género de crítica social, de denuncia; un género que no se conforma con flotar en la superficie panza arriba sino que le gusta bucear en los entresijos de la sociedad, no es de extrañar que el régimen no permitiese la proliferación de este tipo de películas si no era haciendo una defensa a ultranza de de las fuerzas de la ley y del orden establecido. Podía haber malhechores y maleantes de todos los colores (aunque el régimen tenía predilección por el rojo), y estos podían cometer crímenes, robos, secuestros y asesinatos, faltaría más; pero al final todos terminaban siendo atrapados por la policía y puestos a buen recaudo: es decir, siempre ganaban los buenos y los malos jamás se iban de rositas, demostrando que las calles eran seguras y que el espectador podía irse a casa plácidamente sabiendo que estaba en todo momento protegido, que todo estaba bajo control.

Del mismo modo podían existir femmes fatales, al estilo de las que aparecían en las cintas de Hollywood, pero siempre que quienes las interpretasen fuesen actrices extranjeras: Las mujeres podían ser malvadas, pero las otras, las nuestras no: las nuestras tenían que representar a la perfección el papel de ama del hogar, que bien era sabido por todos que era el pilar de la familia (católica, por supuesto) y esta a su vez el sustento de la sociedad. Tal vez una de las escasas excepciones a esta regla no escrita sea la Emma Penella en la magnífica e infravalorada Los peces rojos (José Antonio Nieves Conde, 1955), aprovechando para recomendar que, si la ocasión de visionarla se les pone a tiro, no la dejen escapar.

También surgieron títulos demasiado contaminados por otros géneros, especialmente por la comedia costumbrista, como es el caso de títulos que caminaban más en el terreno de la parodia tales como Atraco a las tres (José María Forqué, 1962) y Los ladrones somos gente honrada (Ignacio F. Quino, 1941), que en el del género negro propiamente dicho.

El fin de la censura no trajo, en contra de lo que podía esperarse, el resurgimiento del cine negro más allá de algún título aislado como El crack (José Luís Garci, 1981) o El arreglo (José Antonio Zorrilla, 1983) donde si se aborda, por fin, la corrupción policial. Tal vez estábamos demasiado ocupados con el cine de destape, tan resultón en taquilla.

El verdadero cambio, y cuando parece que el cine patrio se sube por fin al carro del noir es en la década de los noventa, tan convulsa a este lado de los Pirinéos, con producciones tales como Días contados (Imanol Uribe, 1994), Adosados (Mario Camus, 1996) o Tesis (Alejandro Amenábar, 1996), pero es en los últimos años cuando la cosa parece que avanza con decisión. Ahora parece que el noir autóctono se ha quitado un peso de encima y que circula cuesta abajo, cogiendo cada vez mayor velocidad, consolidándose no solo en la taquilla, sino también en la nómina de los premios Goya más recientes, con un puñado de buenas producciones tales como La caja 507 (Enrique Urbizu, 2002), Celda 2011 (Daniel Monzón, 2009), Mientras duermes (Jaume Balagueró, 2011), No habrá paz para los malvados (Enrique Urbizu, 2011), La playa de los ahogados (Gerardo Herrero, 2015) o la magnífica La isla mínima (Alberto rodríguez, 2014).

Por todo lo anteriormente mencionado, el poder añadir un nuevo título al cajón, es siempre una buena noticia, y este es el caso, más o menos, de la cinta que nos ocupa.

desconocido3El planteamiento de El desconocido no es para nada original. Películas de venganza, donde lo que prima es la acción y desarrolladas casi en un único escenario, pequeño, cerrado, claustrofóbico, no es nuevo. Dicho planteamiento nos remite a títulos clásicos como Speed: máxima potencia, de Jan de Bont (una bomba en un vehículo en marcha del que nadie puede bajarse) o a Última llamada, de Joel Schumacher (la conversación telefónica, con un interlocutor anónimo, como hilo conductor de toda la trama), y más lejanamente a filmes como Enterrado, de Rodrigo Cortés o Cellular, de David R. Ellis; y tampoco puede decirse que la aparición en el caso que nos ocupa del elemento social sea algo que podamos considerar como un ingrediente diferenciador con los filmes anteriormente mencionados (la banca, las preferentes, la crisis social), porque está difuminado, se ve venir a lo lejos y apenas tiene peso en la trama. De hecho, más que sumar, resta, pareciendo una moraleja torpe e innecesaria y sonando a moralina barata totalmente prescindible.

El desconocido es principalmente una película de acción (con todo lo que ello conlleva, para bien y para mal), y en este sentido, cumple perfectamente: Apenas da respiro. No hay altos y bajos: unos pocos minutos con la trama in crescendo y luego, un descenso a toda velocidad. Cuando parece que va a haber un descanso, un momento de respiro, sucede algo que vuelve a ponerlo todo en marcha, y que no te deja tiempo ni para pensar.

Las interpretaciones son esenciales en este tipo de cintas, y aquí Tosar vuelve a demostrar su calidad interpretativa, atendiendo a todo a la vez: a sus hijos, al teléfono, a su trabajo, al tráfico… ejerciendo de operario competende y taponando con eficacia todas las vías de agua que se abren en el guión con algunas partes del diálogo que podrían sonar estúpidas o inverosímiles pero que en boca de él, parecen algo más creíbles: consigue que nos creamos que siente miedo, que cualquier cosa puede suceder a continuación, logrando así que aunque con algún leve traspiés, la acción continúe avanzando. También cabe destacar a la debutante Paula del Río, con un personaje que va ganando intensidad y entidad según avanza la cinta y que sabe mantener el tipo ante Tosar.

Javier Gutierrez aprovecha su breve aparición y Fernando Cayo o Elvira Mínguez (cuyo personaje es presentado en un estupendo plano secuencia) no desmerecen en unos papeles que tampoco les da para más (más evidente en el caso de Elvira Mínguez cuyo personaje debería haber tenido mucha más presencia).desconocido2 Tal vez en este aspecto la interpretación más floja sea la de Goya Toledo, que no añade nada al filme.

La dirección resulta valiente y más que aceptable, con unos impresionantes planos a vista de pájaro (La Coruña ejerce de garan ciudad al modo de Nueva York, los Ángeles o París) y unos acertados movimientos de cámara. La estupenda fotografía y la banda sonora, a cargo de la Orquesta sinfónica de Galicia, acompañan al resto del trabajo, que cuenta con un acabado técnico impecable, y con un montaje que logra escenas angustiosas y llenas de tensión.

El mayor problema es que como suele suceder en este tipo de cintas, sobran varios minutos de metraje. Es al final cuando se van sucediendo algunos giros de guión algo absurdos, llevándonos a un final que además de perder fuelle nos obsequia con un giro algo inverosímil, para rematar la cinta con un final previsible y falto de emoción.

Aún así, El desconocido es un thriller que mantiene el tipo, y que si se tiene con él la misma manga ancha con la que se suele tratar a las producciones de Hollywood, sale bastante bien parada.

Valoración:   7